Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los poemas son solamente una vil excusa,
un tráfico de ideas literarias que no van a buen puerto
porque soy hombre casado
y no puedo decirle que me gustaría verla desnuda,
así que no cabe ese intento de coqueteo.
Yo debo respeto primero a mí y luego a mi estado,
motivo por el cual no puedo corresponderle,
tampoco es debido que usted se entere
que en las noches frías crece mi deseo…
ese deseo impúdico de pensarla.
El cruce de piernas, ¡qué bajo caemos!,
trata de llamar mi atención con ese artilugio,
admito que en medio de la tentación abrí los ojos
y he visto de más…
admito mi pecado, pero admita usted el suyo.
Le he dicho que soy casado,
no hay necesidad en que me tome de la mano
con la ingrata sonrisa que brota en sus labios,
no pienso rozarle las caderas
por muy bonitas que se vean.
Por mucho que usted insiste
no voy a decirle que quisiera besarla ahora mismo
y dejar mis huellas en su cuerpo,
antes que todo soy un caballero
aunque haya mirado ese azul escondido en su escote
y mis labios se sintieran movidos.
El cruce de piernas, ¡qué bajo caemos!,
mi estructura ósea y mi psicología
en franca batalla espiritual sin tener ganadores,
pero ya que insiste y por ser caballero
permítame hacer los honores y sucumbir al deseo.
un tráfico de ideas literarias que no van a buen puerto
porque soy hombre casado
y no puedo decirle que me gustaría verla desnuda,
así que no cabe ese intento de coqueteo.
Yo debo respeto primero a mí y luego a mi estado,
motivo por el cual no puedo corresponderle,
tampoco es debido que usted se entere
que en las noches frías crece mi deseo…
ese deseo impúdico de pensarla.
El cruce de piernas, ¡qué bajo caemos!,
trata de llamar mi atención con ese artilugio,
admito que en medio de la tentación abrí los ojos
y he visto de más…
admito mi pecado, pero admita usted el suyo.
Le he dicho que soy casado,
no hay necesidad en que me tome de la mano
con la ingrata sonrisa que brota en sus labios,
no pienso rozarle las caderas
por muy bonitas que se vean.
Por mucho que usted insiste
no voy a decirle que quisiera besarla ahora mismo
y dejar mis huellas en su cuerpo,
antes que todo soy un caballero
aunque haya mirado ese azul escondido en su escote
y mis labios se sintieran movidos.
El cruce de piernas, ¡qué bajo caemos!,
mi estructura ósea y mi psicología
en franca batalla espiritual sin tener ganadores,
pero ya que insiste y por ser caballero
permítame hacer los honores y sucumbir al deseo.