Mi nombre se esfumó de tus labios
no de tu corazón.
Cada latido que él da
paraliza al mío, que calla
soñando
Ya no me ves como solías hacerlo
pero estoy aún
en la memoria de tu piel
aún entrando, por tus poros.
Respiras otros aires.
Seré, la hoja que cae dorada
la brisa que se lleva tus nubes
la que juega en tu cabello
y hace que tus cejas se arqueen
dudando, desconfiadas.
Miro tus huellas
siempre solas
y hasta donde el camino bifurca
las sigo.
¿Sabes? Ahí me siento a esperarte.
Y me duermo.
Y sueño que al fin, mi corazón
puede en el tuyo latir.
Despierto con el bullicio de tu ausencia.
Has pasado sin que despierte.
Siento tu perfume
y a tu adiós cortado
por el filo de mi alma.