Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Esmeralda
y tus ojos, brillando desde
el alto de la cornisa.
Labrada piedra primorosa que emula
al magenta de tus labios
robados por mí.
¡Te he gritado tanto!,
como esperando de tus manos
la anuencia cierta de que me recibirás,
siempre,
mas a veces presiento, sintiendo que eres lejana
y más tarde, caes a la tarde para decirme que tú amas así;
como entre arbustos que se mecen de espina a espinas,
mientras te dejas entrever, pero sólo, a veces
Tus ojos: lazos que agarran,
amarrando los míos y mi sonrisa,
que dice: no huyas jamás,
mujer bella de caderas bellas
de pechos claros y sencillos como el alba,
eres el misterio: ése que no deja nacer ni caer
a la incertidumbre.
Eres la humedad de mi tierra
de la montaña más insinuante a contemplar.
Subiré a buscarte.
Sí.
Subiré,
para traerte sobre mí.
y tus ojos, brillando desde
el alto de la cornisa.
Labrada piedra primorosa que emula
al magenta de tus labios
robados por mí.
¡Te he gritado tanto!,
como esperando de tus manos
la anuencia cierta de que me recibirás,
siempre,
mas a veces presiento, sintiendo que eres lejana
y más tarde, caes a la tarde para decirme que tú amas así;
como entre arbustos que se mecen de espina a espinas,
mientras te dejas entrever, pero sólo, a veces
Tus ojos: lazos que agarran,
amarrando los míos y mi sonrisa,
que dice: no huyas jamás,
mujer bella de caderas bellas
de pechos claros y sencillos como el alba,
eres el misterio: ése que no deja nacer ni caer
a la incertidumbre.
Eres la humedad de mi tierra
de la montaña más insinuante a contemplar.
Subiré a buscarte.
Sí.
Subiré,
para traerte sobre mí.