Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
ESO
No puedo esperar más, y sin embargo, oigo y escucho voces inocentes en el tiempo.
Hoy lo que me rodea y yo somos como clases de piano, enseñanzas y directrices sin jueces ni maestros.
Hoy los elefantes beben una lágrima y se lavan con barro.
Las jirafas me miran por encima del cuello, también por encima de la cabeza, y del tórax.
Porque son todo yo las motas de polvo, que se incrustan o flotan, que yacen o que explotan.
Nunca desaparecen los libros de mi mesilla, ni el tabique de la cocina.
Pueden tocarme, que vibro, como un arpa de páginas que no recapitula, pero ondea en el viento la historia del hombre que no se arruga, la beldad del deseo consistente, insistente, sin lujuria ni lunas, ni siquiera cortinas, ni persianas, ni ropa, ni espejo, ni ojos.
Ni siquiera la piel me conoce tan bien como un solo verso,
solo,
solo,
solo
solo,
solo,
solo
eso.
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