ataviado de malla con cota,
caballero de templanza,
corta el aire con su aliento
y con su mano espada alza,
para acometer con celo
la tarea que su Dios
le ha puesto en juego.
Mandobles y cruzados,
tiros rectos y de esquina,
malabares en sus brazos
y en sus ojos maestría.
Apunta al blanco en sosiego
y el sereno de sus idas
vuelve su arma certera
contra la niebla del día,
repite la hazaña pasada
y en su camino encuentra
una ráfaga de fuego
que su garganta revienta.
Ahora se halla en el suelo,
dibujando con sangre,
palpitando con resuello...
y sobre su cabeza penden
dos endiablados ojos negros
que le escrutan con descaro
y le sacan de las cuencas
su valor, su arrogancia,
sus desvelos y su descaro.
caballero de templanza,
corta el aire con su aliento
y con su mano espada alza,
para acometer con celo
la tarea que su Dios
le ha puesto en juego.
Mandobles y cruzados,
tiros rectos y de esquina,
malabares en sus brazos
y en sus ojos maestría.
Apunta al blanco en sosiego
y el sereno de sus idas
vuelve su arma certera
contra la niebla del día,
repite la hazaña pasada
y en su camino encuentra
una ráfaga de fuego
que su garganta revienta.
Ahora se halla en el suelo,
dibujando con sangre,
palpitando con resuello...
y sobre su cabeza penden
dos endiablados ojos negros
que le escrutan con descaro
y le sacan de las cuencas
su valor, su arrogancia,
sus desvelos y su descaro.