Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ruido pueril atravesó el ocaso,
provenía del árbol del vecino,
espié por intersticios sibilinos
y un atiborramiento vi de máscaras,
residuos de jolgorio. La noche urdió su abrazo,
por una escala mágica subimos hacia el sueño,
encontramos un claustro de insondables recámaras;
deambulamos en la casa entera
como turista por museo exótico;
hasta una alcoba de silencios góticos,
apercibimos un vergel inmenso,
jardín colgante como los de la gran ramera,
había en este edén, inusual ramillete
de espectros: esqueletos de rosas y de besos.
Emprendimos la contingencia onírica,
los fantasmas cercaron nuestro lecho;
sin embargo, su horror era deshecho,
por nuestro primoroso amor de hogaño.
Nos dormimos en paz. Al alba entró raquítica
la luz, vi la primicia de tus bellas facciones,
eras una vestal de tan solo veinte años....
Entendí entonces que era mi otro yo,
invasor execrable de mis mitos,
que recorre caminos infinitos
para reír de mí sublime anhelo,
colgar en mis ventanas andrajos de ilusión,
desplegar en mi patio mis antiguos pavores,
cubrir el horizonte de frustración, recelo...
provenía del árbol del vecino,
espié por intersticios sibilinos
y un atiborramiento vi de máscaras,
residuos de jolgorio. La noche urdió su abrazo,
por una escala mágica subimos hacia el sueño,
encontramos un claustro de insondables recámaras;
deambulamos en la casa entera
como turista por museo exótico;
hasta una alcoba de silencios góticos,
apercibimos un vergel inmenso,
jardín colgante como los de la gran ramera,
había en este edén, inusual ramillete
de espectros: esqueletos de rosas y de besos.
Emprendimos la contingencia onírica,
los fantasmas cercaron nuestro lecho;
sin embargo, su horror era deshecho,
por nuestro primoroso amor de hogaño.
Nos dormimos en paz. Al alba entró raquítica
la luz, vi la primicia de tus bellas facciones,
eras una vestal de tan solo veinte años....
Entendí entonces que era mi otro yo,
invasor execrable de mis mitos,
que recorre caminos infinitos
para reír de mí sublime anhelo,
colgar en mis ventanas andrajos de ilusión,
desplegar en mi patio mis antiguos pavores,
cubrir el horizonte de frustración, recelo...
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