Ictiandro
Poeta adicto al portal
El aire enrarecido de mis grietas oculares
atisba el menoscabado suspiro que no llega,
es la sonrisa veleta de intereses sin nobleza
espejismo continuo de vida trocándose en muerte.
Beso los labios fríos que en mortaja ardiente
mi boca dulcificaron arrastrando cristales rotos,
cada herida fue el principio del fin anunciado,
la mueca del último estertor sonrisa para la foto.
Sin trazar líneas en el habitáculo de mis vísceras
la realidad se trocó en espectro de virtudes,
la nada acude diluyendo mis huesos con la sangre
que emana del corazón perforado y pulmones sin aliento.
Así van reduciéndose las huellas en mis cenizas
al insignificante número de una ausencia,
tanto bregar por las tormentas y sucumbir por un sueño.
No soy la silueta que amé ayer,
ni mi reflejo en el espejo obedece a leyes naturales,
quebranto de mi piel es la carga pesada de tus ojos
proyectando en mis pupilas el espejismo continuo
que ahora me condena al olvido y una muerte temprana.
atisba el menoscabado suspiro que no llega,
es la sonrisa veleta de intereses sin nobleza
espejismo continuo de vida trocándose en muerte.
Beso los labios fríos que en mortaja ardiente
mi boca dulcificaron arrastrando cristales rotos,
cada herida fue el principio del fin anunciado,
la mueca del último estertor sonrisa para la foto.
Sin trazar líneas en el habitáculo de mis vísceras
la realidad se trocó en espectro de virtudes,
la nada acude diluyendo mis huesos con la sangre
que emana del corazón perforado y pulmones sin aliento.
Así van reduciéndose las huellas en mis cenizas
al insignificante número de una ausencia,
tanto bregar por las tormentas y sucumbir por un sueño.
No soy la silueta que amé ayer,
ni mi reflejo en el espejo obedece a leyes naturales,
quebranto de mi piel es la carga pesada de tus ojos
proyectando en mis pupilas el espejismo continuo
que ahora me condena al olvido y una muerte temprana.
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