SHERIDAM
Poeta asiduo al portal
La metrica de mis sueños se ajusta a tus valles,
a la estrechez dulce de tus gestos,
al inconformismo de los mares.
¿Sí contemplar pudiera cada noche tus miradas?
¿sí la palidez de mis mejillas no asomara en mi nombre?,
...quizás la vida misma anunciará sus ganas de quedarce,
de vencer lo lúgubre del viento,
lo ínfimo en los detalles en la vida.
Aquí,
callada bajo el techo de tus luces,
luces que muestran el camino hacía el norte,
al lugar donde todos quieren ir pero pocos llegan,
sigo buscando la sombra que abrigara mis días,
el estandarte en el que escribiré mi nombre
y no me alienta aún la tiranía de los que fueron, son o somos.
Espero tu empatía,
tu desden
o el agravio a mis ojos,
a las miradas punzantes de las gentes,
a la lujuria que marca los momentos, espero el retrato de mi vida,
sí es que al final del cuento no suelo ser solo una sombra que sobrevive y deambula en el vacío contandote mi historia.
Déjame ser un silbido más del viento, dejame nacer de nuevo con las rosas, déjame llorar por siempre con la lluvia, dejame vibrar con las derrotas, no solo quiero ser una viruta que arrojo la vida a estas playas,
quiero enaltecer la extraña manera de vivir, de caminar sobre la historia pensando que se puede repetir.
¿A quien le pido tanto si no a mí?
Al retrato que me sigue en el espejo mientras sucumbe mi crudeza y la irreverencia de los días cobra vida,
la mismas que se ensaña en recordarme que soy una pizca de mi gente, que de mí depende mi alegría,
¿a quién le pido tanto si no a mí?
La sobria silueta que danza en el espejo,
a mi, que de momentos me invade la locura
y entonces,
solo entonces,
suelo ser feliz.
No me adoctrinan los años,
los daños infieren mi indecencia,
Si la virtud fuese tangible...
Si la honra fuese escudo...
Si las culpas fuesen hierro...
¿cual herrera voraz tendría en mi sepulcro?
a la estrechez dulce de tus gestos,
al inconformismo de los mares.
¿Sí contemplar pudiera cada noche tus miradas?
¿sí la palidez de mis mejillas no asomara en mi nombre?,
...quizás la vida misma anunciará sus ganas de quedarce,
de vencer lo lúgubre del viento,
lo ínfimo en los detalles en la vida.
Aquí,
callada bajo el techo de tus luces,
luces que muestran el camino hacía el norte,
al lugar donde todos quieren ir pero pocos llegan,
sigo buscando la sombra que abrigara mis días,
el estandarte en el que escribiré mi nombre
y no me alienta aún la tiranía de los que fueron, son o somos.
Espero tu empatía,
tu desden
o el agravio a mis ojos,
a las miradas punzantes de las gentes,
a la lujuria que marca los momentos, espero el retrato de mi vida,
sí es que al final del cuento no suelo ser solo una sombra que sobrevive y deambula en el vacío contandote mi historia.
Déjame ser un silbido más del viento, dejame nacer de nuevo con las rosas, déjame llorar por siempre con la lluvia, dejame vibrar con las derrotas, no solo quiero ser una viruta que arrojo la vida a estas playas,
quiero enaltecer la extraña manera de vivir, de caminar sobre la historia pensando que se puede repetir.
¿A quien le pido tanto si no a mí?
Al retrato que me sigue en el espejo mientras sucumbe mi crudeza y la irreverencia de los días cobra vida,
la mismas que se ensaña en recordarme que soy una pizca de mi gente, que de mí depende mi alegría,
¿a quién le pido tanto si no a mí?
La sobria silueta que danza en el espejo,
a mi, que de momentos me invade la locura
y entonces,
solo entonces,
suelo ser feliz.
No me adoctrinan los años,
los daños infieren mi indecencia,
Si la virtud fuese tangible...
Si la honra fuese escudo...
Si las culpas fuesen hierro...
¿cual herrera voraz tendría en mi sepulcro?
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