iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
El aposento se llena de un rumor de vidrio.
Mis ojos se cuelan por los poros de
tu piel prismática.
Por los huecos de tus palabras, mis dedos
tejen tu presencia
con sólo un papel que alguna vez
fue el todo de mis noches clausuradas.
Todo el espejo desperdigado
en cada recinto
para reflejarte con la luz de esta luna tan fría,
piel nocturna de mis delirios.
Y el terso manto de tu lengua
desata mis gemidos y guarda mi llanto.
Aunque solo es un cofre guardado
con el candor de una monja que guarda reliquias.
La blasfemia coagulada en las arterias.
El espacio se va saturando de recuerdos cristalizados.
Delicada y fina mentira, tintineante
que ha cubierto mis párpados
Mis ojos se cuelan por los poros de
tu piel prismática.
Por los huecos de tus palabras, mis dedos
tejen tu presencia
con sólo un papel que alguna vez
fue el todo de mis noches clausuradas.
Todo el espejo desperdigado
en cada recinto
para reflejarte con la luz de esta luna tan fría,
piel nocturna de mis delirios.
Y el terso manto de tu lengua
desata mis gemidos y guarda mi llanto.
Aunque solo es un cofre guardado
con el candor de una monja que guarda reliquias.
La blasfemia coagulada en las arterias.
El espacio se va saturando de recuerdos cristalizados.
Delicada y fina mentira, tintineante
que ha cubierto mis párpados