Introspectivo.
Poeta adicto al portal
Y si te digo que soy un cobarde
Tal vez te rías de mi y te vayas volando,
en alguna paloma elegante,
De esas que nunca podré comprar.
Y si te gritó en un alto parlante
Alguna mentira piadosa, con tal de llamar tu atención,
¿verías aún en mis ojos lo blanco, lo negro, el color. ?
O es que siempre peleo y ganó contra mi reflejo en el baño y destrozó mi espejo rojo, y luego me entregó al diablo a cambio de analgesicos mundanos, como peces muy pequeños que duermen en mi cerebro.
Veo a una serpiente
Egulliendose desde la cola
Hasta desaparecer en la nada.
Veo una sonrisa dañada
Y una daga oxidada, clavada, atascada en el alma.
Si te dijera, te extraño, con una pancarta en el centro, no sería juntar los simientos, de una civilización extinta, no sería bueno y sano gastar tinta en vano, si hoy somos dos extraños que caminan sin tarima, cada uno en su neblina, con sus raros mambos diarios, con sus soplos de carisma.
Sería como abrazar mi espejo rojo, y vendar mi puño roto
Tal vez te rías de mi y te vayas volando,
en alguna paloma elegante,
De esas que nunca podré comprar.
Y si te gritó en un alto parlante
Alguna mentira piadosa, con tal de llamar tu atención,
¿verías aún en mis ojos lo blanco, lo negro, el color. ?
O es que siempre peleo y ganó contra mi reflejo en el baño y destrozó mi espejo rojo, y luego me entregó al diablo a cambio de analgesicos mundanos, como peces muy pequeños que duermen en mi cerebro.
Veo a una serpiente
Egulliendose desde la cola
Hasta desaparecer en la nada.
Veo una sonrisa dañada
Y una daga oxidada, clavada, atascada en el alma.
Si te dijera, te extraño, con una pancarta en el centro, no sería juntar los simientos, de una civilización extinta, no sería bueno y sano gastar tinta en vano, si hoy somos dos extraños que caminan sin tarima, cada uno en su neblina, con sus raros mambos diarios, con sus soplos de carisma.
Sería como abrazar mi espejo rojo, y vendar mi puño roto
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