fatiga
Poeta asiduo al portal
Vacío
- así me has dejado -
como un espejo que,
ya no teniendo a quién reflejar,
reposa inexpresivo
en el eterno olvido.
Me pediste la perfección,
y me la ofreciste en una fórmula inalcanzable,
- como un seguro a mi eterna frustración,
al perpetuo conflicto de mi ser -
como una daga que,
clavada en un tierno y pequeño corazón,
se retuerce en constante agonía,
encontrando su placer en causarle dolor.
He mutado tanto,
que ya no sé quien soy.
Mi esencia se ha perdido en tu desprecio.
La ausencia de tu mirada
me ha vuelto invisible
- ya nadie me ve -
y en mi soledad ya no existo.
Solo quedan vestigios de aquel niño
que alguna vez fue,
pero que ahora,
abrumado por el peso de sus fallas
- que una a una te has encargado de señalar -
ya no es lo que ha sido.
Maldita la imagen de ese espejo,
perfecta,
sin fallas,
inaccesible,
tan lejana como el amor que alguna vez creí me ofreciste.
Maldito el día que creí en ti,
en la perfección que presentabas,
tan falsa como el amor que prodigabas,
o el juez en el que te erigiste.
Roto,
como los pedazos de ese espejo vacío,
o esos roles que me hiciste jugar
y que no me pertenecían.
Roto,
así has dejado mi corazón,
del que he arrancado tu daga,
mientras lamo mis heridas.
Ya no soy tuyo,
te lo devuelvo todo
ya que nunca fue mío,
ya no podrás cubrir tus errores con los míos.
De que Eva anterior al paraíso, de que divinidad indescifrable, somos las personas un espejo roto.
(La mancha de Rolando)