Daniela Albasini
Poeta asiduo al portal
Una breve brisa
fresca, verde y clara
inundó la estancia
donde él rezaba.
Acarició su rostro
de piedra envejecido,
rodeó sus ropas,
su cuerpo ya vencido.
Su mente pausada
en aquella estancia
hoy ya centenaria
soñaba y pensaba.
Cientos de recuerdos
de tiempos pasados,
su infancia, su vida,
sus amores callados.
Cuando vio la muerte
abrazarse a su cuello,
soñó por mil años
alcanzar su anhelo.
Y así convertido
en figura de piedra
aguarda Rodrigo
una nueva era.
Días como hoy
de brisas suaves
hacen que penetre
en su piedra el aire.
No se sabe bien
a qué fuera debido,
pero en tales días
se siente querido.
En la larga espera
de su redención,
Rodrigo necesita
amor con pasión.
Mientras eso llega,
hasta que una mujer llore
y bese sus labios,
y a su Dios implore,
días como hoy,
con la suave brisa,
de sus ojos muertos
brota agua cristalina.
fresca, verde y clara
inundó la estancia
donde él rezaba.
Acarició su rostro
de piedra envejecido,
rodeó sus ropas,
su cuerpo ya vencido.
Su mente pausada
en aquella estancia
hoy ya centenaria
soñaba y pensaba.
Cientos de recuerdos
de tiempos pasados,
su infancia, su vida,
sus amores callados.
Cuando vio la muerte
abrazarse a su cuello,
soñó por mil años
alcanzar su anhelo.
Y así convertido
en figura de piedra
aguarda Rodrigo
una nueva era.
Días como hoy
de brisas suaves
hacen que penetre
en su piedra el aire.
No se sabe bien
a qué fuera debido,
pero en tales días
se siente querido.
En la larga espera
de su redención,
Rodrigo necesita
amor con pasión.
Mientras eso llega,
hasta que una mujer llore
y bese sus labios,
y a su Dios implore,
días como hoy,
con la suave brisa,
de sus ojos muertos
brota agua cristalina.