Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Tierra solaz,
con despojos de la guerra,
bienvenida tirana,
que marque la hora,
con el fugaz desencuentro,
de la tormenta húmeda,
de sangre y cáliz...
Arena desplegada,
en los ojos de la Esfinge,
eterno enamorado,
de su misterio, de su fineza,
Polvo casquivano,
de aldeas villanas,
donde fue forjado el oro,
donde la llama se extingue,
sin razón ni medida,
solo la fortaleza de la nada...
Miedo atroz perdido,
en llanura desmontada,
de árboles provisorios,
en la mirada de los dioses,
Horus grita,
el indigno Seth marcha,
pero ni las estrellas,
ni el silencio deja,
el venir del tiempo....
Confundidos serenos,
que no vigilan más el cielo,
la bóveda destruida,
por la cola del escorpión naciente,
que devora los confines,
con nube desolada...
Trueno intermitente,
de inmensas proporciones,
que genere ira,
que genere la muerte...
Vendaval sin rumbo,
que se jure así mismo,
como poderoso señor de masas,
destructor del imbécil...
¡Ya juzgaré yo sus hechos!
cuando desangre la chusma,
para escupir sus entrañas,
en las arenas del Zen...
Tranquilidad compleja,
nacida de la desolación de la masacre,
que será mi sonrisa firmante,
con ojos de fuego,
con corazón de hielo,
y espada de acero...
Conquistar lo impensable,
pateando el pesebre,
donde fue traído un judío,
como rey de reyes,
solo para los infames...
Cobardía perpetúa,
de temer lo desconocido,
siendo solo un cambio en nuestras vidas,
con el caracoleo de la serpiente,
que cimbre su cascabel,
para clavar colmillos en vientre blando,
Bebe el vino,
traga el pan,
que no será carne de dios,
sino trigo simple,
con el fruto de la vid...
Ancianos y reproches,
en muladares de basura,
que ratas mismas asqueadas,
correrán ante su marcha,
viva el Sol, muera el Sol,
Que el reino sea llevado,
con luto sobre el manto,
con orgullo sobre el cielo,
y así quede escrito,
con obras de plata,
con cinceles de platino,
Que el ojo vigila,
entre la tierra de los muertos,
con el cadalso sentenciado,
para los que oren al río muerto,
entre sedas y amargura...
Bienaventurados los que digan,
¡Yo fui ciego y veo!
¡Yo fui cojo y camino!
que cercenaré sus piernas y manos,
me comeré sus ojos nuevos...
Por patéticos mortales...
por espíritus débiles,
que fabrican los milagros,
Arrozales y masacres,
soja y litera,
fuego y agua,
agua y fuego...
¡Ardan mueran!
¡Ahóguense y mueran!
que solo esperaré,
con mis Valkirias....
Esperaré...
L.V.
con despojos de la guerra,
bienvenida tirana,
que marque la hora,
con el fugaz desencuentro,
de la tormenta húmeda,
de sangre y cáliz...
Arena desplegada,
en los ojos de la Esfinge,
eterno enamorado,
de su misterio, de su fineza,
Polvo casquivano,
de aldeas villanas,
donde fue forjado el oro,
donde la llama se extingue,
sin razón ni medida,
solo la fortaleza de la nada...
Miedo atroz perdido,
en llanura desmontada,
de árboles provisorios,
en la mirada de los dioses,
Horus grita,
el indigno Seth marcha,
pero ni las estrellas,
ni el silencio deja,
el venir del tiempo....
Confundidos serenos,
que no vigilan más el cielo,
la bóveda destruida,
por la cola del escorpión naciente,
que devora los confines,
con nube desolada...
Trueno intermitente,
de inmensas proporciones,
que genere ira,
que genere la muerte...
Vendaval sin rumbo,
que se jure así mismo,
como poderoso señor de masas,
destructor del imbécil...
¡Ya juzgaré yo sus hechos!
cuando desangre la chusma,
para escupir sus entrañas,
en las arenas del Zen...
Tranquilidad compleja,
nacida de la desolación de la masacre,
que será mi sonrisa firmante,
con ojos de fuego,
con corazón de hielo,
y espada de acero...
Conquistar lo impensable,
pateando el pesebre,
donde fue traído un judío,
como rey de reyes,
solo para los infames...
Cobardía perpetúa,
de temer lo desconocido,
siendo solo un cambio en nuestras vidas,
con el caracoleo de la serpiente,
que cimbre su cascabel,
para clavar colmillos en vientre blando,
Bebe el vino,
traga el pan,
que no será carne de dios,
sino trigo simple,
con el fruto de la vid...
Ancianos y reproches,
en muladares de basura,
que ratas mismas asqueadas,
correrán ante su marcha,
viva el Sol, muera el Sol,
Que el reino sea llevado,
con luto sobre el manto,
con orgullo sobre el cielo,
y así quede escrito,
con obras de plata,
con cinceles de platino,
Que el ojo vigila,
entre la tierra de los muertos,
con el cadalso sentenciado,
para los que oren al río muerto,
entre sedas y amargura...
Bienaventurados los que digan,
¡Yo fui ciego y veo!
¡Yo fui cojo y camino!
que cercenaré sus piernas y manos,
me comeré sus ojos nuevos...
Por patéticos mortales...
por espíritus débiles,
que fabrican los milagros,
Arrozales y masacres,
soja y litera,
fuego y agua,
agua y fuego...
¡Ardan mueran!
¡Ahóguense y mueran!
que solo esperaré,
con mis Valkirias....
Esperaré...
L.V.