Nikita Kunzita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te espera el vasto bosque verde de mis ojos,
para que te pierdas en ellos,
para que te adentres en mi,
explorando el horizonte del alma,
desnudándome hasta provocar
en mi piel un desierto, falto de pudor,
para que la recorras con el filo de tu boca,
en busca de un oasis donde saciar la sed.
Te esperan mis labios,
esperando impaciente posarse,
en la flauta dulce que libera,
notas musicales susurradas al aire,
convirtiendo la atmósfera densa,
espesa de deseos delirantes.
Te espera el espacio que habitaste,
agitado y tembloroso entre mis piernas,
esperando que te hundas en mis arenas movedizas,
para que grites por ayuda,
antes de morir en mi geografía.
Te espera un momento, una mentira,
un intenso deleite egoísta,
un yo que presume no esperar,
para no engreírte, para no engreírme,
para olvidar que espero.
Pero hoy quiero gritarte que aún espero,
espero sin esperar, pero espero.
para que te pierdas en ellos,
para que te adentres en mi,
explorando el horizonte del alma,
desnudándome hasta provocar
en mi piel un desierto, falto de pudor,
para que la recorras con el filo de tu boca,
en busca de un oasis donde saciar la sed.
Te esperan mis labios,
esperando impaciente posarse,
en la flauta dulce que libera,
notas musicales susurradas al aire,
convirtiendo la atmósfera densa,
espesa de deseos delirantes.
Te espera el espacio que habitaste,
agitado y tembloroso entre mis piernas,
esperando que te hundas en mis arenas movedizas,
para que grites por ayuda,
antes de morir en mi geografía.
Te espera un momento, una mentira,
un intenso deleite egoísta,
un yo que presume no esperar,
para no engreírte, para no engreírme,
para olvidar que espero.
Pero hoy quiero gritarte que aún espero,
espero sin esperar, pero espero.