Jesus Reina
Poeta asiduo al portal
En la noche más oscura,
la carne del hombre rogó.
¡Y oró!
Oró a los pies del olivo…
El cáliz de kidrón,
en las arenas agrias de un Rey
que me amó tras el fiero látigo
después;
después de las antorchas de mi ley.
Me perdonó espinas; nudillos
me amó.
en sus declives era mi vida
que sobre su heridas lavaba
y me amó.
Mientras sus clavos me salvaban,
Tanto como su costado.
Mi Jesús… espérame.
Hoy los infiernos no me tocan,
en su promesa descansa mi dolor.
su rostro me sonríe de paz
y sus brazos son pradera paráclita
en donde la tiniebla lloran.
Y al final, extiende su mano hacia mí.
“Amado mío, espérame… Allí estaré”.
Yo hice esto por ti
¿Qué haces tú por mí?
soldado de Cristo. la carne del hombre rogó.
¡Y oró!
Oró a los pies del olivo…
El cáliz de kidrón,
en las arenas agrias de un Rey
que me amó tras el fiero látigo
después;
después de las antorchas de mi ley.
Me perdonó espinas; nudillos
me amó.
en sus declives era mi vida
que sobre su heridas lavaba
y me amó.
Mientras sus clavos me salvaban,
Tanto como su costado.
Mi Jesús… espérame.
Hoy los infiernos no me tocan,
en su promesa descansa mi dolor.
su rostro me sonríe de paz
y sus brazos son pradera paráclita
en donde la tiniebla lloran.
Y al final, extiende su mano hacia mí.
“Amado mío, espérame… Allí estaré”.
Yo hice esto por ti
¿Qué haces tú por mí?
Jesús Alejandro Reina Baron, semana santa 2015