ESPERANDO A LOS ANTIGUOS GRIEGOS
Apenas un ansia de la voz quebrada
un espasmo como ola que se amansa
así la caricia de la roca que me aguarda.
Caballo o sangre golpeada
vidrio opalino que suaviza la tormenta
de colores que nacen de mi espalda
la tierra matriz y espesa deja brotar amapolas
recordando cómo los labios traspasan
las galaxias.
El viento, nube atroz y desgajada
de sus lluvias, trae el fétido mensaje
de los árboles tronchados, de las casas.
Por encima de las aguas desnortadas
hay todavía querencias de sirenas
de tritones, amancebados con algas.
Oh, madre, hermana, muchacha de ojos glaucos
como el mar en la mañana; despertad
que ya suenan las campanas
Mi versátil alma, curvada por penas blandas
transporta el parvo equipaje de otras almas
pues yo conozco al barquero, que me ama.
Y el arco iris de plomo que me nace de la espalda
destila colores nuevos, bellos como alabardas
para alcanzar esas torres donde nacen las naranjas.
Oh griegos turbios, lejanos, victoriosos
en las derrotas cantadas
desde las playas floridas de cadáveres
os aguardan mi lira y mi esperanza.