Vi al niño, estudioso y buen hijo sincero,
Golpeado por su padre, su dolor un anhelo.
Moratones en su cara no evitaban su risa,
Aunque por dentro moría, su alma sumisa.
Con el dolor en el pecho, y el vacío que me consume,
Sentí tristeza verdadera por ese niño que asume
Una vida tan cruel, quizás demasiado bueno
Para unos padres que, sin duda, no merecen su esmero.
Llegué a casa y mi vecina gritaba al cielo,
A la virgen del monasterio contaba su duelo:
A su esposo, de cuarenta y cinco, en su sueño se llevaron,
Dos años casados, y sus sueños se acabaron.
Querían hijos, una vida común,
Pero el vacío la mata, un grito en su razón.
Sentí pena por ella, su cordura deshecha,
Me recordó a mí, y mi amor que nunca acierta.
No me guío por el físico, el humor ni el intelecto,
Solo mi alma elige, y siempre en incorrecto.
Ana fue la última, pero no sentí nada,
Una tristeza profunda, en mi alma arraigada.
Mujer buena, inteligente, compañera ideal,
Me amaba, dijeron, con amor leal.
Pero yo, con tristeza, no pude corresponder,
Mi corazón no habló, y así la dejé perder.
Quizás soy un idiota, un hombre que se pierde,
Debería haberla aceptado, o seguir mi corazón verde.
Sigo los designios de un alma que no acierta,
Y así sigo, perdido, con la esperanza muerta.
Espero que gusten los nuevos recursos que estoy intentando aplicar.
Golpeado por su padre, su dolor un anhelo.
Moratones en su cara no evitaban su risa,
Aunque por dentro moría, su alma sumisa.
Con el dolor en el pecho, y el vacío que me consume,
Sentí tristeza verdadera por ese niño que asume
Una vida tan cruel, quizás demasiado bueno
Para unos padres que, sin duda, no merecen su esmero.
Llegué a casa y mi vecina gritaba al cielo,
A la virgen del monasterio contaba su duelo:
A su esposo, de cuarenta y cinco, en su sueño se llevaron,
Dos años casados, y sus sueños se acabaron.
Querían hijos, una vida común,
Pero el vacío la mata, un grito en su razón.
Sentí pena por ella, su cordura deshecha,
Me recordó a mí, y mi amor que nunca acierta.
No me guío por el físico, el humor ni el intelecto,
Solo mi alma elige, y siempre en incorrecto.
Ana fue la última, pero no sentí nada,
Una tristeza profunda, en mi alma arraigada.
Mujer buena, inteligente, compañera ideal,
Me amaba, dijeron, con amor leal.
Pero yo, con tristeza, no pude corresponder,
Mi corazón no habló, y así la dejé perder.
Quizás soy un idiota, un hombre que se pierde,
Debería haberla aceptado, o seguir mi corazón verde.
Sigo los designios de un alma que no acierta,
Y así sigo, perdido, con la esperanza muerta.
Espero que gusten los nuevos recursos que estoy intentando aplicar.