Vital
Poeta veterano en el portal
Tenía inmensa sed, y nada de agua a mí alrededor.
Tenía esperanza, pero el agua no llegaba a mi boca.
Tenía sueños en los que había torrentes hermosos.
Fuentes cantarinas de aguas limpias y transparentes.
Era maravilloso cerrar los ojos y entrar en el paraíso.
Pero al despertar siempre merodeaba el árido desierto.
Dormirse en la esperanza es esperar cosecha sin sembrar.
Siempre volvía al mismo viejo tronco de mi esperanza.
Hasta que un día un fuerte temporal de aire lo derribó.
Quedándome sin ese cobijo que mantenía mí sueño
Entonces dejando todo lo que tenía me puse a caminar.
Y caminé noches y días hasta no distinguir muerte y vida.
El universo de arena era una boca inmensa que me rugía.
Mostrándome las garras cada una de sus secas esquinas.
Sobre las que mis piernas temblaban en tan dura brea.
Mi piel de tierra agrietada le hacía por igual competencia.
Esa esperanza era como tener la biblia en casa cerrada.
Arrastrando hasta la mirada dirigida hacia un punto verde.
¡Oasis, gritó mi conciencia! Porque mi boca no articulaba.
En efecto de un oasis se trataba con altas palmeras y agua.
Dulce agua que la tierra de mi boca en barro transformaba.
Barro de vida animado por espíritu y alma de divina gracia.
¡Ahhhhhhhhh! ¡Gracias Dios mío!Por tu vital enseñanza
Tuve que perder la esperanza para ponerme a caminar
Caminante, se hace camino al andar,
y en cada paso la fe es esperanza y libertad
Tenía esperanza, pero el agua no llegaba a mi boca.
Tenía sueños en los que había torrentes hermosos.
Fuentes cantarinas de aguas limpias y transparentes.
Era maravilloso cerrar los ojos y entrar en el paraíso.
Pero al despertar siempre merodeaba el árido desierto.
Dormirse en la esperanza es esperar cosecha sin sembrar.
Siempre volvía al mismo viejo tronco de mi esperanza.
Hasta que un día un fuerte temporal de aire lo derribó.
Quedándome sin ese cobijo que mantenía mí sueño
Entonces dejando todo lo que tenía me puse a caminar.
Y caminé noches y días hasta no distinguir muerte y vida.
El universo de arena era una boca inmensa que me rugía.
Mostrándome las garras cada una de sus secas esquinas.
Sobre las que mis piernas temblaban en tan dura brea.
Mi piel de tierra agrietada le hacía por igual competencia.
Esa esperanza era como tener la biblia en casa cerrada.
Arrastrando hasta la mirada dirigida hacia un punto verde.
¡Oasis, gritó mi conciencia! Porque mi boca no articulaba.
En efecto de un oasis se trataba con altas palmeras y agua.
Dulce agua que la tierra de mi boca en barro transformaba.
Barro de vida animado por espíritu y alma de divina gracia.
¡Ahhhhhhhhh! ¡Gracias Dios mío!Por tu vital enseñanza
Tuve que perder la esperanza para ponerme a caminar
Caminante, se hace camino al andar,
y en cada paso la fe es esperanza y libertad
Última edición: