Ictiandro
Poeta adicto al portal
Aurora del vértigo resuelto
que ilumina, es la mar brava
que gobierna nuestros actos.
Un abismo de rostros conocidos
y olvidados me convida
a las profundidades del pasado.
Muchas manos
me estrechan predicando amor,
aquel que tanto desbordé
en mis palabras y versos.
Y fue la pasión una simple forma
de ser, el vacío de destino,
mujer que no alcanzo a ver.
Un amanecer rojo naranja
baña mis ojos,
perla de tu mirada
sobre todas la más amada,
y fuiste el tiempo
de mi tiempo el más soñado,
el beso que jamás olvidó
el sabor de tus labios.
Todas del mismo sudor,
el mismo sexo,
y cuán diferente
la entrega y el placer.
Las palabras rescatan situaciones,
evaporan lágrimas,
crean ilusiones
y el dolor profundo
al verlas caer.
Siniestra oscuridad
ante tanta luz desapercibida,
distancia de miradas
del gusto muto y más nada.
El verde de nuestros
encuentros excitantes
es risa constante
que inunda mi llegada tardía.
Muchos rostros llorosos
a mis espaldas sonrieron
el alba que nos sorprendió juntos.
No poner en la balanza
los encuentros nuevos y viejos,
todo es simplemente
pasado y disfrute,
sólo es válido el sentimiento
que al amor no entorpece,
y créeme,
no hay encuentro como el nuestro.
La noche se asoma siniestra
sobre tus ojos en velo fugaz y triste,
el postrer beso
de tu frente fría sudada,
manos aferradas a las mías.
Adiós en ti y contigo se van
todos los rostros antiguos.
Las lágrimas que no fui,
la risa que no escapó de tus labios,
me escapé de un mundo
que concebimos sólo para los dos.
En la quietud
de mi alma golpeada
quedan naipes de sentimientos,
el frágil eslabón de emociones
dispares desorganizadas,
un arroyo azul, sin la sal
de los grandes océanos,
me endulza las mañanas,
esperanza
de encontrar nuevo rostro
lejos de toda impresión
que inunde todo mi ser
de la profunda llama
que del amor emana.
que ilumina, es la mar brava
que gobierna nuestros actos.
Un abismo de rostros conocidos
y olvidados me convida
a las profundidades del pasado.
Muchas manos
me estrechan predicando amor,
aquel que tanto desbordé
en mis palabras y versos.
Y fue la pasión una simple forma
de ser, el vacío de destino,
mujer que no alcanzo a ver.
Un amanecer rojo naranja
baña mis ojos,
perla de tu mirada
sobre todas la más amada,
y fuiste el tiempo
de mi tiempo el más soñado,
el beso que jamás olvidó
el sabor de tus labios.
Todas del mismo sudor,
el mismo sexo,
y cuán diferente
la entrega y el placer.
Las palabras rescatan situaciones,
evaporan lágrimas,
crean ilusiones
y el dolor profundo
al verlas caer.
Siniestra oscuridad
ante tanta luz desapercibida,
distancia de miradas
del gusto muto y más nada.
El verde de nuestros
encuentros excitantes
es risa constante
que inunda mi llegada tardía.
Muchos rostros llorosos
a mis espaldas sonrieron
el alba que nos sorprendió juntos.
No poner en la balanza
los encuentros nuevos y viejos,
todo es simplemente
pasado y disfrute,
sólo es válido el sentimiento
que al amor no entorpece,
y créeme,
no hay encuentro como el nuestro.
La noche se asoma siniestra
sobre tus ojos en velo fugaz y triste,
el postrer beso
de tu frente fría sudada,
manos aferradas a las mías.
Adiós en ti y contigo se van
todos los rostros antiguos.
Las lágrimas que no fui,
la risa que no escapó de tus labios,
me escapé de un mundo
que concebimos sólo para los dos.
En la quietud
de mi alma golpeada
quedan naipes de sentimientos,
el frágil eslabón de emociones
dispares desorganizadas,
un arroyo azul, sin la sal
de los grandes océanos,
me endulza las mañanas,
esperanza
de encontrar nuevo rostro
lejos de toda impresión
que inunde todo mi ser
de la profunda llama
que del amor emana.
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