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Esperanza

Carlinhos

Poeta recién llegado
En el averno del final de mi juventud
hallé, sin perseguirla, la luz
y sobre la tierra yerma de mi corazón
clavó la semilla de un apasionado amor.

Avivada con ternura, dulzura y pasión,
sosegada, lenta e inexorable, creció.
Empapada de nuevas caricias de ilusión,
la infecunda tierra en Edén mudó.

Y así, el obscuro firmamento que fue mi alma,
iluminado por miles de estrellas, brilló.
Y pude ver como una gran luna plateada y clara
un fantástico paraíso iluminó.

La voraz realidad, de sueños siempre hambrienta,
aquel jardín magistral retornó a pisotear.
Y absorto y mudo pude contemplar
como la tierra mudaba a marchita y muerta.

Aquellos días en que la locura el amor desataba,
aquellos que mi corazón y mi alma soñaban.
Esos en los que sentí como me amaban,
la tenaz existencia de mi vida, devoraban.

Hoy, al averno final de mi juventud vuelvo,
pero, a veces, cuando mudo miro mi cielo
puedo atisbar trémulo, un rayo de luz a lo lejos.
¿Volveré alguna vez a contemplar aquel firmamento?


Carlinhos.
 
En el averno del final de mi juventud
hallé, sin perseguirla, la luz
y sobre la tierra yerma de mi corazón
clavó la semilla de un apasionado amor.

Avivada con ternura, dulzura y pasión,
sosegada, lenta e inexorable, creció.
Empapada de nuevas caricias de ilusión,
la infecunda tierra en Edén mudó.

Y así, el obscuro firmamento que fue mi alma,
iluminado por miles de estrellas, brilló.
Y pude ver como una gran luna plateada y clara
un fantástico paraíso iluminó.

La voraz realidad, de sueños siempre hambrienta,
aquel jardín magistral retornó a pisotear.
Y absorto y mudo pude contemplar
como la tierra mudaba a marchita y muerta.

Aquellos días en que la locura el amor desataba,
aquellos que mi corazón y mi alma soñaban.
Esos en los que sentí como me amaban,
la tenaz existencia de mi vida, devoraban.

Hoy, al averno final de mi juventud vuelvo,
pero, a veces, cuando mudo miro mi cielo
puedo atisbar trémulo, un rayo de luz a lo lejos.
¿Volveré alguna vez a contemplar aquel firmamento?


Carlinhos.


Escribes muy bien... te animo a que si te gusta escribir no dejes nunca de hacerlo... siempre verás un rayo de luz a lo lejos... Saludos
 
En el averno del final de mi juventud
hallé, sin perseguirla, la luz
y sobre la tierra yerma de mi corazón
clavó la semilla de un apasionado amor.

Avivada con ternura, dulzura y pasión,
sosegada, lenta e inexorable, creció.
Empapada de nuevas caricias de ilusión,
la infecunda tierra en Edén mudó.

Y así, el obscuro firmamento que fue mi alma,
iluminado por miles de estrellas, brilló.
Y pude ver como una gran luna plateada y clara
un fantástico paraíso iluminó.

La voraz realidad, de sueños siempre hambrienta,
aquel jardín magistral retornó a pisotear.
Y absorto y mudo pude contemplar
como la tierra mudaba a marchita y muerta.

Aquellos días en que la locura el amor desataba,
aquellos que mi corazón y mi alma soñaban.
Esos en los que sentí como me amaban,
la tenaz existencia de mi vida, devoraban.

Hoy, al averno final de mi juventud vuelvo,
pero, a veces, cuando mudo miro mi cielo
puedo atisbar trémulo, un rayo de luz a lo lejos.
¿Volveré alguna vez a contemplar aquel firmamento?


Carlinhos.

Es en el desamor del infierno que se sueña el amor del paraíso. Tu poema es cierto, estimado Carlinhos, sin amor, la noche es oscura. Me gusta ver ese rayo de esperanza, que a mi entender, es la marca del corzón vivo, aquél que en la más densa oscuridad envisiona a luz. Mi abrazo sincero, bello poeta.
ERA
 
Escribes muy bien... te animo a que si te gusta escribir no dejes nunca de hacerlo... siempre verás un rayo de luz a lo lejos... Saludos


Muchas gracias, amiga mía, por tus palabras. Me encanta escribir y seguro que no dejaré de hacerlo. Es la primera vez que comparto mis letras con otras personas que no pertenecen a mi entorno familiar.
Tus palabras me animan, más si cabe, a que no cunda el desanimo de escribir lo que siento.

Un cordialisimo abrazo.
 
Es en el desamor del infierno que se sueña el amor del paraíso. Tu poema es cierto, estimado Carlinhos, sin amor, la noche es oscura. Me gusta ver ese rayo de esperanza, que a mi entender, es la marca del corzón vivo, aquél que en la más densa oscuridad envisiona a luz. Mi abrazo sincero, bello poeta.
ERA

Mi profundo agradecimiento por tan bellas palabras. Es cierto, un corazón vivo es aquél que, en la más densa oscuridad, acierta a ver una chispa de luz.

Un sincero abrazo para ti también.
 

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