En el averno del final de mi juventud
hallé, sin perseguirla, la luz
y sobre la tierra yerma de mi corazón
clavó la semilla de un apasionado amor.
Avivada con ternura, dulzura y pasión,
sosegada, lenta e inexorable, creció.
Empapada de nuevas caricias de ilusión,
la infecunda tierra en Edén mudó.
Y así, el obscuro firmamento que fue mi alma,
iluminado por miles de estrellas, brilló.
Y pude ver como una gran luna plateada y clara
un fantástico paraíso iluminó.
La voraz realidad, de sueños siempre hambrienta,
aquel jardín magistral retornó a pisotear.
Y absorto y mudo pude contemplar
como la tierra mudaba a marchita y muerta.
Aquellos días en que la locura el amor desataba,
aquellos que mi corazón y mi alma soñaban.
Esos en los que sentí como me amaban,
la tenaz existencia de mi vida, devoraban.
Hoy, al averno final de mi juventud vuelvo,
pero, a veces, cuando mudo miro mi cielo
puedo atisbar trémulo, un rayo de luz a lo lejos.
¿Volveré alguna vez a contemplar aquel firmamento?
Carlinhos.
hallé, sin perseguirla, la luz
y sobre la tierra yerma de mi corazón
clavó la semilla de un apasionado amor.
Avivada con ternura, dulzura y pasión,
sosegada, lenta e inexorable, creció.
Empapada de nuevas caricias de ilusión,
la infecunda tierra en Edén mudó.
Y así, el obscuro firmamento que fue mi alma,
iluminado por miles de estrellas, brilló.
Y pude ver como una gran luna plateada y clara
un fantástico paraíso iluminó.
La voraz realidad, de sueños siempre hambrienta,
aquel jardín magistral retornó a pisotear.
Y absorto y mudo pude contemplar
como la tierra mudaba a marchita y muerta.
Aquellos días en que la locura el amor desataba,
aquellos que mi corazón y mi alma soñaban.
Esos en los que sentí como me amaban,
la tenaz existencia de mi vida, devoraban.
Hoy, al averno final de mi juventud vuelvo,
pero, a veces, cuando mudo miro mi cielo
puedo atisbar trémulo, un rayo de luz a lo lejos.
¿Volveré alguna vez a contemplar aquel firmamento?
Carlinhos.