Rolando Kindelan Nuñez
Poeta fiel al portal
No me queda más
que reducir a recuerdo tu existencia...
sin que el odio consumido me halla entre sus garras,
ni el despecho adueñado se halla de mis actos.
La distancia sigue ahí ante nosotros
como un arma de doble filo.
-Sin embargo ella no actúa...-
Es tu temor a la misma
quien me fuerza a acercarte así al olvido.
Mas, si cuando esté de vuelta
agradecida te noto por mi regreso,
si el brillo que recuerdo de tus ojos
a los mismos regresa a veloz paso...
entonces te liberaré de mi memoria,
por profundo que en ella se halle tu escondite;
por inmensos que hayan sido allí,
aquellos recuerdos que sobre el tuyo descansaron.
Y te amaré...
Te amaré como quien jamás estuvo lejos;
como quien ya no constituye su propio obstáculo
y vence los que al encuentro le salen.
Te amaré como ama un hombre,
a la mujer de su vida.
que reducir a recuerdo tu existencia...
sin que el odio consumido me halla entre sus garras,
ni el despecho adueñado se halla de mis actos.
La distancia sigue ahí ante nosotros
como un arma de doble filo.
-Sin embargo ella no actúa...-
Es tu temor a la misma
quien me fuerza a acercarte así al olvido.
Mas, si cuando esté de vuelta
agradecida te noto por mi regreso,
si el brillo que recuerdo de tus ojos
a los mismos regresa a veloz paso...
entonces te liberaré de mi memoria,
por profundo que en ella se halle tu escondite;
por inmensos que hayan sido allí,
aquellos recuerdos que sobre el tuyo descansaron.
Y te amaré...
Te amaré como quien jamás estuvo lejos;
como quien ya no constituye su propio obstáculo
y vence los que al encuentro le salen.
Te amaré como ama un hombre,
a la mujer de su vida.