...
Un enjambre de cuerpos y de sombras
apuraba su curso. Yo miraba
en el cielo tus ojos, apegarse
a la cándida luz de las estrellas
que asomaban su cara lentamente.
Ya empezaba la noche y los faroles
desplegaban airosos sus reflejos.
No vendrías a mi cuerpo que soñaba
dormitar en tus brazos hasta el alba;
ni tampoco darías a mis labios
el agridulce néctar de tus besos.
Esperar, y esperar, no se hasta cuando;
pero vale la pena enmudecerse
al compás de una espera glamorosa.
german g
Un enjambre de cuerpos y de sombras
apuraba su curso. Yo miraba
en el cielo tus ojos, apegarse
a la cándida luz de las estrellas
que asomaban su cara lentamente.
Ya empezaba la noche y los faroles
desplegaban airosos sus reflejos.
No vendrías a mi cuerpo que soñaba
dormitar en tus brazos hasta el alba;
ni tampoco darías a mis labios
el agridulce néctar de tus besos.
Esperar, y esperar, no se hasta cuando;
pero vale la pena enmudecerse
al compás de una espera glamorosa.
german g
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