Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy asumo frágil la quietud de la tarde,
que bambolea sutil la espiga en el viento,
y reconozco que sigo inerte sin reacción,
ante las insinuaciones que me provoca el día
vorágine vertiginosa que seduce inconsciente.
Me dejo llevar como aquella espiga,
para acariciar el viento,
pero no reconozco el camino,
ni siquiera quien lo muestra,
sólo esperando que el labriego corte mi tallo,
para anudarme e insinuando mi caída.
Esquematizado construyo mi caminar,
quiero volver a sentir
ser dueño de mis pasos,
y no dejar pasar la luna sola en la noche,
conversar de la compañía
que me niego a recibir,
pues aún inactivo me sobrecojo
de la incapacidad para seducir,
de la incapacidad para que mi corazón
se arreboce por la nueva esperanza.
Cansado sancionó mis gestos,
que se adormecen sin mostrar,
el ahogo del espíritu que brega insistente,
en mostrar que la espiga luego de ser cortada
se transforma en vida,
para quien consume su semilla,
frágil es la vida,
que cambia sin detenerse
y lo que hasta un segundo
acariciaba los rayos tenues del sol,
que se dejaba llevar suave por el viento,
ahora se debate con alegría entre cascos de caballos y molinos,
enséñame a esperar la madurez de mi espiga,
ayúdame espiga a reconocer,
quien beberá definitivamente mi savia,
para no sentir dolor cuando lleguen a recoger mi fruto
y me entregue sin temor al segundo siguiente de mi vida .
que bambolea sutil la espiga en el viento,
y reconozco que sigo inerte sin reacción,
ante las insinuaciones que me provoca el día
vorágine vertiginosa que seduce inconsciente.
Me dejo llevar como aquella espiga,
para acariciar el viento,
pero no reconozco el camino,
ni siquiera quien lo muestra,
sólo esperando que el labriego corte mi tallo,
para anudarme e insinuando mi caída.
Esquematizado construyo mi caminar,
quiero volver a sentir
ser dueño de mis pasos,
y no dejar pasar la luna sola en la noche,
conversar de la compañía
que me niego a recibir,
pues aún inactivo me sobrecojo
de la incapacidad para seducir,
de la incapacidad para que mi corazón
se arreboce por la nueva esperanza.
Cansado sancionó mis gestos,
que se adormecen sin mostrar,
el ahogo del espíritu que brega insistente,
en mostrar que la espiga luego de ser cortada
se transforma en vida,
para quien consume su semilla,
frágil es la vida,
que cambia sin detenerse
y lo que hasta un segundo
acariciaba los rayos tenues del sol,
que se dejaba llevar suave por el viento,
ahora se debate con alegría entre cascos de caballos y molinos,
enséñame a esperar la madurez de mi espiga,
ayúdame espiga a reconocer,
quien beberá definitivamente mi savia,
para no sentir dolor cuando lleguen a recoger mi fruto
y me entregue sin temor al segundo siguiente de mi vida .