***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Espiral violeta.
Las estrellas cazadoras del universo,
luces que nunca vimos con ojos propios;
la luna maltrecha en el negro lago inverso
de nuestros desvelos y nuestros pensamientos.
Universo de luz ausente, negro terciopelo;
mi alma recorre tus recónditos espacios
mi cuerpo es el único habitante de ese cielo
cielo negro terciopelo, universo de silencios.
El fondo de nuestros corazones esta seco,
las palabras no fluyen como sonidos,
la mente solo construye y repasa el eco
del pensamiento y de los pasados vividos.
Nuestras sonrisas están extintas,
y las manos no sienten ni suavidad ni dolor;
la sangre y sudor son las únicas tintas
con que podemos escribir versos al amor.
Pensadores, filósofos, científicos y estudiosos;
que más da la ciencia si el saber no nos salva,
aprender cada día, resurgir después de los descensos.
Nunca hablar con el corazón, si no con la razón vana.
Caía, siempre caía a través de mis propios versos,
y caí en forma espiral directo a la profundidad
a través de mis pobres e ilusos pensamientos
violetas de amor, de angustia de tristeza y felicidad.
No veo más allá de esta inocente irrealidad,
el dolor ambiguo sigue al mundo sonriendo;
y descubro que perdida entre los siglo sigo siendo
el espiral violeta en la aterciopelada oscuridad.
Las estrellas cazadoras del universo,
luces que nunca vimos con ojos propios;
la luna maltrecha en el negro lago inverso
de nuestros desvelos y nuestros pensamientos.
Universo de luz ausente, negro terciopelo;
mi alma recorre tus recónditos espacios
mi cuerpo es el único habitante de ese cielo
cielo negro terciopelo, universo de silencios.
El fondo de nuestros corazones esta seco,
las palabras no fluyen como sonidos,
la mente solo construye y repasa el eco
del pensamiento y de los pasados vividos.
Nuestras sonrisas están extintas,
y las manos no sienten ni suavidad ni dolor;
la sangre y sudor son las únicas tintas
con que podemos escribir versos al amor.
Pensadores, filósofos, científicos y estudiosos;
que más da la ciencia si el saber no nos salva,
aprender cada día, resurgir después de los descensos.
Nunca hablar con el corazón, si no con la razón vana.
Caía, siempre caía a través de mis propios versos,
y caí en forma espiral directo a la profundidad
a través de mis pobres e ilusos pensamientos
violetas de amor, de angustia de tristeza y felicidad.
No veo más allá de esta inocente irrealidad,
el dolor ambiguo sigue al mundo sonriendo;
y descubro que perdida entre los siglo sigo siendo
el espiral violeta en la aterciopelada oscuridad.