Pablito84
Poeta recién llegado
Murmullos del viento me rodean: sutiles melodías;
con los ojos cerrados indago el blanco de mis huesos,
buscando rastros que aseguren mi existencia,
reconquistando la cálida sensación del alma palpitante;
Murmullos del viento componen la sinfonía perfecta;
extiendo las manos sobre la piel desnuda y solitaria,
buscando la caricia que me asegure cariño incondicional,
reconquistando aquel personaje sui generis y eterno.
Susurros del viento me rodean: sutiles armonía;
bailo un lánguido notturno con el anciano viento,
piano e forte, paso a paso, envuelto en el tranquilo arpegio;
el final del sosegado paisaje nos abandona
El silencio invade
Todo es ajeno: Hermoso y tétrico;
La calma invade
A lo lejos se acercan ecos pintados de gris.
Crepitantes gritos viajan con el alborotado viento;
conquisto la sordera con las palmas de las manos,
tratando de escuchar mis propios gritos desesperados,
guiándome hacia el rincón donde espero varado.
Baladros repitientes cabalgan a lomo de la paranoia;
Encuentro refugio tras las temblorosas manos;
la vista se nubla y se pierde tras el manto de los párpados,
la cobardía abre sus brazos y me extiende en su regazo,
acaricia mi temblorosa humanidad, sintiéndome un triste niño
con los ojos cerrados indago el blanco de mis huesos,
buscando rastros que aseguren mi existencia,
reconquistando la cálida sensación del alma palpitante;
Murmullos del viento componen la sinfonía perfecta;
extiendo las manos sobre la piel desnuda y solitaria,
buscando la caricia que me asegure cariño incondicional,
reconquistando aquel personaje sui generis y eterno.
Susurros del viento me rodean: sutiles armonía;
bailo un lánguido notturno con el anciano viento,
piano e forte, paso a paso, envuelto en el tranquilo arpegio;
el final del sosegado paisaje nos abandona
El silencio invade
Todo es ajeno: Hermoso y tétrico;
La calma invade
A lo lejos se acercan ecos pintados de gris.
Crepitantes gritos viajan con el alborotado viento;
conquisto la sordera con las palmas de las manos,
tratando de escuchar mis propios gritos desesperados,
guiándome hacia el rincón donde espero varado.
Baladros repitientes cabalgan a lomo de la paranoia;
Encuentro refugio tras las temblorosas manos;
la vista se nubla y se pierde tras el manto de los párpados,
la cobardía abre sus brazos y me extiende en su regazo,
acaricia mi temblorosa humanidad, sintiéndome un triste niño