descalzo torres
Poeta fiel al portal
Estabas fingiendo
cuando las horas se ocultaban ciegas
y no recordaba el horario de llegada,
tú me decías que era raro
cuando el tiempo pasaba resuelto
y se nos iba el aire cálido en verano.
y recuerdo.
Fui niña en la correría
de mis días de inocencia,
pero se enfadó conmigo
cuando me resigné a no jugar con ella
porque le robé una piruleta de fresa.
Fui adolescente en el momento
donde las lenguas se embebían
de tus huellas dactilares,
y fue cuando escupí a una carta de amor
donde alguno que me quería pulcro
se fue haciendo puzles de su sentimiento.
Le habría arrancado más de un clamor
al verme salir de noche silenciada
en la inopia de mi sombra.
Estabas fingiendo
cuando servías retozos salados,
yo adentraba mis dedos entre tu pelo
y se escuchaban sórdidos
sinsabores recogerse
en la cremallera de mi bolso
,tú te afirmabas zar de mis escamas,
saetas finas que se inyectan
en el patíbulo de la muerte,
de tu muerte y la mía
olvidándonos en el cruce de vuelta
y yo no conseguía separarme sin efecto
emulsionando la sazón con resabio.
La necedad
quiso un lugar para arroparse entre mis manos
y las halló repletas,
el amor muere en la misma zona que asomaste,
se ha condenado víctima de tus ardides,
repliega su espalda con el dolor pinchado
como mi inocencia flaca de poder tendida al sol.
cuando las horas se ocultaban ciegas
y no recordaba el horario de llegada,
tú me decías que era raro
cuando el tiempo pasaba resuelto
y se nos iba el aire cálido en verano.
y recuerdo.
Fui niña en la correría
de mis días de inocencia,
pero se enfadó conmigo
cuando me resigné a no jugar con ella
porque le robé una piruleta de fresa.
Fui adolescente en el momento
donde las lenguas se embebían
de tus huellas dactilares,
y fue cuando escupí a una carta de amor
donde alguno que me quería pulcro
se fue haciendo puzles de su sentimiento.
Le habría arrancado más de un clamor
al verme salir de noche silenciada
en la inopia de mi sombra.
Estabas fingiendo
cuando servías retozos salados,
yo adentraba mis dedos entre tu pelo
y se escuchaban sórdidos
sinsabores recogerse
en la cremallera de mi bolso
,tú te afirmabas zar de mis escamas,
saetas finas que se inyectan
en el patíbulo de la muerte,
de tu muerte y la mía
olvidándonos en el cruce de vuelta
y yo no conseguía separarme sin efecto
emulsionando la sazón con resabio.
La necedad
quiso un lugar para arroparse entre mis manos
y las halló repletas,
el amor muere en la misma zona que asomaste,
se ha condenado víctima de tus ardides,
repliega su espalda con el dolor pinchado
como mi inocencia flaca de poder tendida al sol.