Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En esa estación de cercanías
supimos amarnos sin descanso,
sin las urgencias de un tiempo
consumido entre las vías,
en el metal sucio
y el cemento.
En esa estación
que como un niño
se cuida en los andenes de la espera;
se mueven los relojes destensados
y los mapas,
se vacían las señales
del sonido,
y el semáforo abierto
no prohíbe.
En esa estación
cuidada en el descuido,
sin botones,
mirándose a la cara
en los diarios,
colgada de farolas
y de manos;
es fácil encontrar
lo que no buscas,
los ojos de una luz
que no se apaga,
el germen de un destino
que no muere.
supimos amarnos sin descanso,
sin las urgencias de un tiempo
consumido entre las vías,
en el metal sucio
y el cemento.
En esa estación
que como un niño
se cuida en los andenes de la espera;
se mueven los relojes destensados
y los mapas,
se vacían las señales
del sonido,
y el semáforo abierto
no prohíbe.
En esa estación
cuidada en el descuido,
sin botones,
mirándose a la cara
en los diarios,
colgada de farolas
y de manos;
es fácil encontrar
lo que no buscas,
los ojos de una luz
que no se apaga,
el germen de un destino
que no muere.