Limaris
Poeta recién llegado
Calendarios agrietados en su rostro,
humedecidos por la falta de palabras.
Recuerdos grises hechos una cebolla,
trastocadores de su letargo incesante
ante la irremediable resignación
de convivir con la inexistencia
de la perfección.
Mirada pérdida en un horizonte de concreto,
portador de memorias enmarcadas,
y de un tic-tac que armoniza
con el lento vaivén
de su mecedora victoriana.
Las horas se ensañaron con su fisiología,
le sabotearon lo huesos,
abusaron de sus tejidos,
cansaron sus vísceras,
y la revistieron de manchas.
Detesta la objetividad del espejo,
antes no conocida,
cuando el colágeno abundaba en su dermis
y la gravedad no tenía efecto sobre sus senos.
El desamor se le ha tatuado oscuro
bajo los ojos,
con cada noche que sus pestañas
no forman la red conciliadora del sueño.
Su existencia fútil se reduce a
una colección de sueños cristalizados,
hechos añicos contra el muro
inquebrantable de la impotencia.
Ahora...
solo espera por ese instante único
que la liberará para siempre
de su ordalía no merecida.
Pero sonríe,
sabe que si el reloj se detiene
no significa nada.
humedecidos por la falta de palabras.
Recuerdos grises hechos una cebolla,
trastocadores de su letargo incesante
ante la irremediable resignación
de convivir con la inexistencia
de la perfección.
Mirada pérdida en un horizonte de concreto,
portador de memorias enmarcadas,
y de un tic-tac que armoniza
con el lento vaivén
de su mecedora victoriana.
Las horas se ensañaron con su fisiología,
le sabotearon lo huesos,
abusaron de sus tejidos,
cansaron sus vísceras,
y la revistieron de manchas.
Detesta la objetividad del espejo,
antes no conocida,
cuando el colágeno abundaba en su dermis
y la gravedad no tenía efecto sobre sus senos.
El desamor se le ha tatuado oscuro
bajo los ojos,
con cada noche que sus pestañas
no forman la red conciliadora del sueño.
Su existencia fútil se reduce a
una colección de sueños cristalizados,
hechos añicos contra el muro
inquebrantable de la impotencia.
Ahora...
solo espera por ese instante único
que la liberará para siempre
de su ordalía no merecida.
Pero sonríe,
sabe que si el reloj se detiene
no significa nada.