Estancia: “posthúmeda”. Adiós a los astronautas.

Erick Fiestas Sorogastua

Poeta recién llegado
No sé si era agua de mar u otra cosa.
Tenía mi cara mojada y salada.

Ella me miraba de reojo;
yo ya sabia de su legaña azul;
y las luces del astronegro, que bombea, se arrodillaban.
Luego, yo indefenso, caminaba por el piso de hielo
de los pastizales antropomorfos escabullidos,
que no quema;
moja y sala.

No se si era sangre lo que se secaba.
Tenía mi cara salada y mojada.

Yo la seguía de a pocos;
cogía los cantos de gorriones,
y sin querer, ella también lo hacía.
Compartimos.
Pero aquello, nació en la “C” y murió en la “S”,
en tan solo, cuatro segundos.
Sí, en tan solo ese tiempo
me senté al lado suyo a fumar un “recuerdos”…
¿Y Qué paso después?
La vez pasada se lo pregunte
a mi querida bajada patética,
a mi despegue invertido,
a mi cucaracha con alas
y lo único que dijeron fue:
“Estoy a Dieta”
Me sentía baboso al rechazar toda oportunidad exquisita.
Me comía la lengua
y solo dejaba la sangre
acumularse hasta reventar,
reventar en el papel… pobre papel;
mismo cementerio de astronautas,
en donde llueven epitafios bibliográficos y alisos con telarañas.

Hace frío,
me congelo más aquí…
Estancia posthúmeda,
hecha de cierzo recio,
no de lana ni lumbre
con su sopita verde para disfrutar.

Adiós a los astronautas…
sus nombres los llevarán escuelas, universidades y,
Mis cicatrices momias a lo largo, alto y ancho de este pueblo continente.
 

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