Parecen que viven.
Respiran el polvo azulado de las gotas de sudor
y duermen y duermen...
A veces me levanto a tientas en la noche y los busco para dormir.
Son exigentes.
No permiten cambios de lugar.
Son dueños del espacio que flota
entre la materia que rodea a mis palabras.
Antes de ser yo, diseñan para mí
las blancas sutilezas del ocio.
Hoy les dije que su roce aquejaba
mis huesoslexías,
que perdonaran la forma en cómo me alejaba
de ellos
pero
que... pero que...
No me dejaron culminar.
Se sentaron, todos juntos,
sobre el monte oblicuo y durmieron
y durmieron
mientras el viento removía de un tajo
mi garganta.
Respiran el polvo azulado de las gotas de sudor
y duermen y duermen...
A veces me levanto a tientas en la noche y los busco para dormir.
Son exigentes.
No permiten cambios de lugar.
Son dueños del espacio que flota
entre la materia que rodea a mis palabras.
Antes de ser yo, diseñan para mí
las blancas sutilezas del ocio.
Hoy les dije que su roce aquejaba
mis huesoslexías,
que perdonaran la forma en cómo me alejaba
de ellos
pero
que... pero que...
No me dejaron culminar.
Se sentaron, todos juntos,
sobre el monte oblicuo y durmieron
y durmieron
mientras el viento removía de un tajo
mi garganta.
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