Sommbras
Poeta adicto al portal
.
Estás en la foto
con este rostro que huele a luz
de tejado anochecido,
en la foto,
con un oleaginoso beso,
vestido en unos labios
de alta costura,
ahí donde en el buzón de sugerencias
de tu boca
cruje la anécdota,
cerca del pisto de la lumbre
de tu lengua.
Pesadilla benigna pareces.
Epicentros de ciudad tus ojos están.
Mi gran alumna tú,
desde que me enseñaste
que besar es sólo el principio.
Y aquí tu carta,
de letras bien chiquitas,
tu carta
que me fumo a noches,
masticándola con lentitud
para enredarme en las astas de la amante.
Por favor,
muñeca de encangrejadas mejillas,
boca de manzana inquieta,
dame de beber,
tengo la carne divorciada por las noches,
dormir contigo
sería una buena excusa
para despertar a tu lado,
para no estar solo
con mi amor de doce pisos,
en tu edificio con dos ventanas,
y no aquí,
con mis zapatillas colgadas de la silla
y embarazado de ti.
Van a cerrar las calles
ahora que estás muy lejos.
Poco importan los zapatos,
para llegar a tu beso.
Será necesario un gran autobús
con ventanilla escarchada,
algo de nieve,
un estruendo de topacios,
que el viento lave las pelusas del miedo,
y que el otoño del árbol
arroje otras hojas escritas
sin cascabeles en los nombres
ni verrugas en los verbos.
Oh, mujer,
que mis manos por las uñas lloran
por culpa de este amor de hilo y canela,
abrázame en tu refugio
calentemos la sopa
húndete en mí,
como la perra que se clava en agosto
a la sombra de una cochera,
cansado estoy de saltar acantilados,
enciende una vela,
deja que se la lleve una alondra,
que el mundo se vuelva a quedar
afuera de la cama,
admite que la luna se ha puesto de pie,
y camina de puntillas conmigo
hacia las piernas del sueño
que nunca termina.
...
..
.
Jesús Soriano
.
Estás en la foto
con este rostro que huele a luz
de tejado anochecido,
en la foto,
con un oleaginoso beso,
vestido en unos labios
de alta costura,
ahí donde en el buzón de sugerencias
de tu boca
cruje la anécdota,
cerca del pisto de la lumbre
de tu lengua.
Pesadilla benigna pareces.
Epicentros de ciudad tus ojos están.
Mi gran alumna tú,
desde que me enseñaste
que besar es sólo el principio.
Y aquí tu carta,
de letras bien chiquitas,
tu carta
que me fumo a noches,
masticándola con lentitud
para enredarme en las astas de la amante.
Por favor,
muñeca de encangrejadas mejillas,
boca de manzana inquieta,
dame de beber,
tengo la carne divorciada por las noches,
dormir contigo
sería una buena excusa
para despertar a tu lado,
para no estar solo
con mi amor de doce pisos,
en tu edificio con dos ventanas,
y no aquí,
con mis zapatillas colgadas de la silla
y embarazado de ti.
Van a cerrar las calles
ahora que estás muy lejos.
Poco importan los zapatos,
para llegar a tu beso.
Será necesario un gran autobús
con ventanilla escarchada,
algo de nieve,
un estruendo de topacios,
que el viento lave las pelusas del miedo,
y que el otoño del árbol
arroje otras hojas escritas
sin cascabeles en los nombres
ni verrugas en los verbos.
Oh, mujer,
que mis manos por las uñas lloran
por culpa de este amor de hilo y canela,
abrázame en tu refugio
calentemos la sopa
húndete en mí,
como la perra que se clava en agosto
a la sombra de una cochera,
cansado estoy de saltar acantilados,
enciende una vela,
deja que se la lleve una alondra,
que el mundo se vuelva a quedar
afuera de la cama,
admite que la luna se ha puesto de pie,
y camina de puntillas conmigo
hacia las piernas del sueño
que nunca termina.
...
..
.
Jesús Soriano
.