yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estas flores amargas del adiós,
los besos que no bebí,
el portazo al acaso de tu cuerpo;
este dolor con sabor a tu saliva,
el tiempo del olvido más largo que tus piernas
para acostumbrarme a estar sin ti;
esos besos disecados en mis labios,
el camino cerrado hasta tus pechos
y este día de primavera
desde el lunes sin tu espera;
un calor que me envenena y el fuego de mi cuerpo
que no quiere estar sin ti.
Este querer para no quererte
esta amnesia por conveniencia
y la espera de una llamada
que llame a reflexionar.
Este medio medio podrido
un sabor tiene a nostalgia
y recuerda de tus labios el alcohol.
Esta decisión absurda
muchas veces puesta a duda
y sometida a razonar;
este saber que ya no sabré nada
de tus días y tus ganas
de tus cosas y tus fallas,
de tu talla y tu cintura
De tu hola, ¿Cómo estás?
Estas flores amargas del adiós,
este vaso de vino agrio,
este desvelo que me causas
este contraste entre el sábado y el martes,
estas manos que te escriben
como venganza
y te invitan a recordar.
Estas flores amargas del adiós,
las rosas que no te he enviado,
el deseo de tu pecado,
este poema mutilado
y el reloj descarado marcando
las tres cincuenta y dos
los besos que no bebí,
el portazo al acaso de tu cuerpo;
este dolor con sabor a tu saliva,
el tiempo del olvido más largo que tus piernas
para acostumbrarme a estar sin ti;
esos besos disecados en mis labios,
el camino cerrado hasta tus pechos
y este día de primavera
desde el lunes sin tu espera;
un calor que me envenena y el fuego de mi cuerpo
que no quiere estar sin ti.
Este querer para no quererte
esta amnesia por conveniencia
y la espera de una llamada
que llame a reflexionar.
Este medio medio podrido
un sabor tiene a nostalgia
y recuerda de tus labios el alcohol.
Esta decisión absurda
muchas veces puesta a duda
y sometida a razonar;
este saber que ya no sabré nada
de tus días y tus ganas
de tus cosas y tus fallas,
de tu talla y tu cintura
De tu hola, ¿Cómo estás?
Estas flores amargas del adiós,
este vaso de vino agrio,
este desvelo que me causas
este contraste entre el sábado y el martes,
estas manos que te escriben
como venganza
y te invitan a recordar.
Estas flores amargas del adiós,
las rosas que no te he enviado,
el deseo de tu pecado,
este poema mutilado
y el reloj descarado marcando
las tres cincuenta y dos
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