Kazor
Poeta adicto al portal
La locura de la mente atrae,
cada paso es consecuencia del anterior
pues el camino fue trazado hace tiempo,
el sabio intento confundirnos,
el alma volátil, éterea, inmortal,
llamó a mi puerta a base de golpes
pues el timbre oxidado por el desamor
solo cantaba tristes melodías.
No pude contestar,
mis entrañas venenosas me causaban
úlcera sangrante y el dolor apenas soportable
inmovilizaba mis mecanismos
conviertiendome en estatua milenaria.
No recuerdo nada más,
el espejo refleja en su continuo devenir,
un rostro envejecido por la gloria,
un rostro que ha leído,
que nunca ha sabido hablar
pero si escuchar.
Soy piedra,
marmól lleno de suciedad,
intento ser noble
cada vez que pasas por mi lado
intento gritar a mi voz para que hable,
pero recuerdo que no suelo hacerlo.
Un poeta más, uno más de tantos
que nunca serán nada,
escribía solo para aliviar mis ansias,
para recordar mis besos,
tus miradas, tus piernas,
mis canas, tus arrugas,
incluso para recordar mis propios recuerdos.
Ahora soy polvo
de estatua milenaria,
con la mirada fija en el horizonte,
esperando escribir algo sobre algo,
sé que ya no podré hacerlo,
mi muerte se ha efectuando,
nunca he sido un artista,
ni un bohemio solitario
solo soy estatua
de una plaza cualquiera,
milenaria y pensativa.
Solo una estatua.
cada paso es consecuencia del anterior
pues el camino fue trazado hace tiempo,
el sabio intento confundirnos,
el alma volátil, éterea, inmortal,
llamó a mi puerta a base de golpes
pues el timbre oxidado por el desamor
solo cantaba tristes melodías.
No pude contestar,
mis entrañas venenosas me causaban
úlcera sangrante y el dolor apenas soportable
inmovilizaba mis mecanismos
conviertiendome en estatua milenaria.
No recuerdo nada más,
el espejo refleja en su continuo devenir,
un rostro envejecido por la gloria,
un rostro que ha leído,
que nunca ha sabido hablar
pero si escuchar.
Soy piedra,
marmól lleno de suciedad,
intento ser noble
cada vez que pasas por mi lado
intento gritar a mi voz para que hable,
pero recuerdo que no suelo hacerlo.
Un poeta más, uno más de tantos
que nunca serán nada,
escribía solo para aliviar mis ansias,
para recordar mis besos,
tus miradas, tus piernas,
mis canas, tus arrugas,
incluso para recordar mis propios recuerdos.
Ahora soy polvo
de estatua milenaria,
con la mirada fija en el horizonte,
esperando escribir algo sobre algo,
sé que ya no podré hacerlo,
mi muerte se ha efectuando,
nunca he sido un artista,
ni un bohemio solitario
solo soy estatua
de una plaza cualquiera,
milenaria y pensativa.
Solo una estatua.