ricardo felipe
Poeta recién llegado
Está bien mi amor, ya no insistiré
ya dejaré de mover el mundo hacia ti,
de concatenar la luna al pie de tu cama,
de sumergirme al fondo del mar para buscar las perlas del estío
y adornarte el pensamiento,
de gritar a los cuatro vientos,
todo ésto que siento.
El amor con todo y lo inquebrantable que parece,
también se tropieza, se cae pero no se muere,
está bien mi amor ya no te protegeré,
no te serviré el café,
no te buscaré en el silencio, en los gritos de esperanza,
ni en los cantos peregrinos donde te escondías en una alabanza.
Y aunque esté escrito que todo tiene una razón,
me tortura saber que mi razón se equivocó y te lastimó,
descubriendo que tu razón no conoce de perdón,
está bien mi amor, no insistiré,
me iré con mis poemas por el camino del frío,
con todo lo que se evoca en el amor mío.
Está bien, mi amor, no insistiré,
de ahora en adelante que insista el amor sincero,
el que está dentro de ti y dentro de mí,
los días de locura,
las experiencias que nos enseñaron tantas cosas,
la parte oscura de mi pensamiento que aprendió a brillar con solo mirarte,
cada caricia empeñada en no morir,
la barca que espera en el muelle de nuestros besos,
tu sencillez como obra de arte
y este corazón,
corazón para amarte.
Ricardo Felipe
El último bardo
ya dejaré de mover el mundo hacia ti,
de concatenar la luna al pie de tu cama,
de sumergirme al fondo del mar para buscar las perlas del estío
y adornarte el pensamiento,
de gritar a los cuatro vientos,
todo ésto que siento.
El amor con todo y lo inquebrantable que parece,
también se tropieza, se cae pero no se muere,
está bien mi amor ya no te protegeré,
no te serviré el café,
no te buscaré en el silencio, en los gritos de esperanza,
ni en los cantos peregrinos donde te escondías en una alabanza.
Y aunque esté escrito que todo tiene una razón,
me tortura saber que mi razón se equivocó y te lastimó,
descubriendo que tu razón no conoce de perdón,
está bien mi amor, no insistiré,
me iré con mis poemas por el camino del frío,
con todo lo que se evoca en el amor mío.
Está bien, mi amor, no insistiré,
de ahora en adelante que insista el amor sincero,
el que está dentro de ti y dentro de mí,
los días de locura,
las experiencias que nos enseñaron tantas cosas,
la parte oscura de mi pensamiento que aprendió a brillar con solo mirarte,
cada caricia empeñada en no morir,
la barca que espera en el muelle de nuestros besos,
tu sencillez como obra de arte
y este corazón,
corazón para amarte.
Ricardo Felipe
El último bardo