Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por una boca muy roja
con unos labios carnosos
suculentos y jugosos
es que sufro esta congoja.
A mi cordura despoja
este intento por odiarte,
porque sé que formas parte
de mí, quien tanto te adora,
quien a tu presencia añora
pues no ha podido olvidarte.
Más nunca pienso rogarte,
marcharte tú decidiste
y así la espalda me diste
sin permitirme abrazarte.
Una estrella regalarte
del hermoso firmamento,
el mismo que hasta el momento
desangra y el dolor hiere,
volver a mirarte quiere
para calmar su tormento.
Ese inmenso sufrimiento
que la soledad hereda,
en toda tu alma se queda
desgarrandote por dentro,
esperas que en un momento
tu inmenso dolor culmine
que ya tu vida termine
y acabe por destrozarte,
por completo aniquilarte
como un rayo te fulmine.
con unos labios carnosos
suculentos y jugosos
es que sufro esta congoja.
A mi cordura despoja
este intento por odiarte,
porque sé que formas parte
de mí, quien tanto te adora,
quien a tu presencia añora
pues no ha podido olvidarte.
Más nunca pienso rogarte,
marcharte tú decidiste
y así la espalda me diste
sin permitirme abrazarte.
Una estrella regalarte
del hermoso firmamento,
el mismo que hasta el momento
desangra y el dolor hiere,
volver a mirarte quiere
para calmar su tormento.
Ese inmenso sufrimiento
que la soledad hereda,
en toda tu alma se queda
desgarrandote por dentro,
esperas que en un momento
tu inmenso dolor culmine
que ya tu vida termine
y acabe por destrozarte,
por completo aniquilarte
como un rayo te fulmine.
Última edición: