Cruzar La Noche
Poeta asiduo al portal
Este mundo
El mundo en el que vivo
se nutre de contradicciones,
injusticias,
de mentiras que se venden cual verdades
mientras que las verdades
descansan en una tumba clandestina
con un tiro en la nuca.
Este mundo civilizado
ha hecho del deseo
negocio de impotentes,
espejismo de enamorados,
vendiendo en revistas,
en esquinas al objeto- mercancía
ya sean niñas vestidas con piel de teflón
o hombres vestidos de quimeras
ansiosos ambos por el veneno
que sus mentes necesitan
para abrirse paso cada día.
En este mundo en el que vivo
se castiga la piedad y se fomenta la ignominia.
Los niños ya no sueñan,
solos, abandonados
arrullados por las imágenes de la red
van anestesiando sus sentidos
deformándose – adaptándose
al destino que los patrocinadores- influencers, youtubers
tan laboriosamente han construido.
En este mundo en el que vivo
que niega el cielo
y afirman el infierno en cada violación,
en cada hipocresía.
Vivimos angustiados
enfrascados en la cotidiana monotonía
de sabernos culpables de estar vivos
y desperdiciar con cada acto la oportunidad
de cambiar el rumbo de este mundo en que vivimos.
El mundo en el que vivo
se nutre de contradicciones,
injusticias,
de mentiras que se venden cual verdades
mientras que las verdades
descansan en una tumba clandestina
con un tiro en la nuca.
Este mundo civilizado
ha hecho del deseo
negocio de impotentes,
espejismo de enamorados,
vendiendo en revistas,
en esquinas al objeto- mercancía
ya sean niñas vestidas con piel de teflón
o hombres vestidos de quimeras
ansiosos ambos por el veneno
que sus mentes necesitan
para abrirse paso cada día.
En este mundo en el que vivo
se castiga la piedad y se fomenta la ignominia.
Los niños ya no sueñan,
solos, abandonados
arrullados por las imágenes de la red
van anestesiando sus sentidos
deformándose – adaptándose
al destino que los patrocinadores- influencers, youtubers
tan laboriosamente han construido.
En este mundo en el que vivo
que niega el cielo
y afirman el infierno en cada violación,
en cada hipocresía.
Vivimos angustiados
enfrascados en la cotidiana monotonía
de sabernos culpables de estar vivos
y desperdiciar con cada acto la oportunidad
de cambiar el rumbo de este mundo en que vivimos.