Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te busco en la bruma tibia de mi café matutino,
en la nostalgia de cada sorbo que me quema la lengua.
Allí, en esa caricia perezosa que deja la luz sobre tu pelo,
descubro mi urgencia por decir tu nombre en voz baja.
Hay un latido de incendio en mis sienes cuando cruzas la puerta,
como si la tarde y su brisa me alcanzaran con tu risa.
Eres la palabra que enciende el horizonte,
el murmullo que hace florecer mis silencios.
En tu respiración cabe la dulce tormenta que azota mis noches,
y es tu mirada la que ensancha este pecho huérfano de calma.
Pero basta con que me mires para domesticar cualquier tempestad,
basta con que pronuncies mi nombre para que todo sea luz.
Te amo en el gesto cotidiano y en la luna que arde en tu espalda,
en cada razón y cada misterio,
hasta que la vida y sus latidos
nos regalen un nuevo amanecer.
en la nostalgia de cada sorbo que me quema la lengua.
Allí, en esa caricia perezosa que deja la luz sobre tu pelo,
descubro mi urgencia por decir tu nombre en voz baja.
Hay un latido de incendio en mis sienes cuando cruzas la puerta,
como si la tarde y su brisa me alcanzaran con tu risa.
Eres la palabra que enciende el horizonte,
el murmullo que hace florecer mis silencios.
En tu respiración cabe la dulce tormenta que azota mis noches,
y es tu mirada la que ensancha este pecho huérfano de calma.
Pero basta con que me mires para domesticar cualquier tempestad,
basta con que pronuncies mi nombre para que todo sea luz.
Te amo en el gesto cotidiano y en la luna que arde en tu espalda,
en cada razón y cada misterio,
hasta que la vida y sus latidos
nos regalen un nuevo amanecer.