Esther, querida
En el mar de tus ojos, ola y brisas
surfeo en nocturnas de Chopin
tu amor es un pentágrama sin fin
donde mi alma se pierde y se desliza.
Tus caricias, espuma que suaviza
cada nota un suspiro en mi confín.
Eres sonata en mi pecho sin fin
Y en tu risa mi vida se eterniza.