Estiaje

OscarCortazar

Poeta recién llegado
Quieto de dolor
el sudor: cristalina sal del cuerpo
que lo cubre
inseparable de sí
original escurrimiento
sin muchas alteraciones.
Humedecer un cuerpo tal vez sea
como friccionar el calor
así de repente.
Humedecer un cuerpo en el hogar
para que el cuerpo sea el hogar
y el hogar que había
adentro y afuera
participe.
Vuelos de mi otro yo
movimientos vibrátiles
del espejo
en que habito
esperanzado.
ahí, en el estiaje.
Esperanzado, claro
de algo que no tiene sustitutos
y en su concepto guarda algo de aura
justificada, casi
como el disco solar egipcio, casi
como si en él apareciera
la inmensa virtud
de musitar las palabras
cuando la nada, pienso
está hecha de blancos nubarrones
menos elegantes
que cualquier cosa en sí, y pienso:
en el papel maché
humedecido con tinta oscura
sobre una faz energética
como la cantera de los suelos
tan poco elegante cuando estaba en bruto
tan poco
elegante
si se le recuerda en viejas construcciones
y en los parques de cantera
que tienen monumentos
y ya pasaron por calores y sequías
y atmosferas varias
y pregones ruidosos
para permanecer aquí
a absorber
el estiaje amarillo.
Reflejo en un arroyo nocturno estancado:
luz de luciérnagas yaciendo
en la pulcra noche
y sus destellos quemados
y pensar rápidamente, si
en como se acumulan las horas
como si se pensara que el elegante
disco
solar
no está hecho de átomos, como si
inexorablemente
el disco solar fuera un disco solar hecho
del propio disco solar
erigiéndose por sí mismo
inmenso, inmenso, inmenso
hasta abarcar todo el campo visual
con cierto estilo.
Aves mañaneras: vuelo
sutil
hacia derroteros
inciertos.
Y decir inciertos
sin meditar por qué y aves
sin decir cuales y paisajes
sin consignar una descripción, el nombre
elemental, sonoro
fragante
azuzador
como materia plasmática, es
como olvidar que el disco solar
-elegante-
en realidad a veces es
un disco solar:
lo solar de ese disco
a veces es posible
a no ser que no haya instante
que venga a ensombrecerle los intersticios
ni imperfecciones en la materia
ni historias mínimas en cada movimiento
que discreto, deja ver
dentro del disco solar
la polvosa faz de las cenizas
cocidas entre llamas naranjas
en la Vía Láctea, en otras galaxias
de polvo cósmico, donde seres tiznados
los ojos inyectados de calor
remueven partículas con las manos
de largas uñas, o sentados,
enrollan invisibles bolas ardientes
mientras su vapor
rasante se alarga
marchitando el ocre disparejo de los campos cosechados
y va a adentrarse entre molinos de antaño
de los pueblos de construcciones pesadas
en los senderos
de estampado jovial
y terruños divididos en parcelas.
Inconstante cristalización del sol
hacia el agua
del agua
en el sol:
calma
porque, en su elegancia límpida
es puro
terrible la pureza, y oscura
la sed de luz
que la sigue
por esa larga vía inhabitada
donde sólo caben el sudor y la energía
con las marcas de la vida.
 
Quieto de dolor
el sudor: cristalina sal del cuerpo
que lo cubre
inseparable de sí
original escurrimiento
sin muchas alteraciones.
Humedecer un cuerpo tal vez sea
como friccionar el calor
así de repente.
Humedecer un cuerpo en el hogar
para que el cuerpo sea el hogar
y el hogar que había
adentro y afuera
participe.
Vuelos de mi otro yo
movimientos vibrátiles
del espejo
en que habito
esperanzado.
ahí, en el estiaje.
Esperanzado, claro
de algo que no tiene sustitutos
y en su concepto guarda algo de aura
justificada, casi
como el disco solar egipcio, casi
como si en él apareciera
la inmensa virtud
de musitar las palabras
cuando la nada, pienso
está hecha de blancos nubarrones
menos elegantes
que cualquier cosa en sí, y pienso:
en el papel maché
humedecido con tinta oscura
sobre una faz energética
como la cantera de los suelos
tan poco elegante cuando estaba en bruto
tan poco
elegante
si se le recuerda en viejas construcciones
y en los parques de cantera
que tienen monumentos
y ya pasaron por calores y sequías
y atmosferas varias
y pregones ruidosos
para permanecer aquí
a absorber
el estiaje amarillo.
Reflejo en un arroyo nocturno estancado:
luz de luciérnagas yaciendo
en la pulcra noche
y sus destellos quemados
y pensar rápidamente, si
en como se acumulan las horas
como si se pensara que el elegante
disco
solar
no está hecho de átomos, como si
inexorablemente
el disco solar fuera un disco solar hecho
del propio disco solar
erigiéndose por sí mismo
inmenso, inmenso, inmenso
hasta abarcar todo el campo visual
con cierto estilo.
Aves mañaneras: vuelo
sutil
hacia derroteros
inciertos.
Y decir inciertos
sin meditar por qué y aves
sin decir cuales y paisajes
sin consignar una descripción, el nombre
elemental, sonoro
fragante
azuzador
como materia plasmática, es
como olvidar que el disco solar
-elegante-
en realidad a veces es
un disco solar:
lo solar de ese disco
a veces es posible
a no ser que no haya instante
que venga a ensombrecerle los intersticios
ni imperfecciones en la materia
ni historias mínimas en cada movimiento
que discreto, deja ver
dentro del disco solar
la polvosa faz de las cenizas
cocidas entre llamas naranjas
en la Vía Láctea, en otras galaxias
de polvo cósmico, donde seres tiznados
los ojos inyectados de calor
remueven partículas con las manos
de largas uñas, o sentados,
enrollan invisibles bolas ardientes
mientras su vapor
rasante se alarga
marchitando el ocre disparejo de los campos cosechados
y va a adentrarse entre molinos de antaño
de los pueblos de construcciones pesadas
en los senderos
de estampado jovial
y terruños divididos en parcelas.
Inconstante cristalización del sol
hacia el agua
del agua
en el sol:
calma
porque, en su elegancia límpida
es puro
terrible la pureza, y oscura
la sed de luz
que la sigue
por esa larga vía inhabitada
donde sólo caben el sudor y la energía
con las marcas de la vida.
Sin dudas unas líneas reflexivas.

Saludos
 

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