mariano dupont
Poeta fiel al portal
Cuando en el calido estio
los cardos se enardecen,
en ángulo a la luz
cierra sus ojos la dama,
para que la timidez de un niño
se lance a contemplarla
cuando el sol la está besando.
Los rayos de lumbre
inventan imágenes
cuando su luz
reverbera en lo que abraza
y su fuego danza en el aire
con sus espejismos ondulantes.
En el ardor de la tarde
hay un niño embrujado.
En el silencio cálido
impone sosiego la siesta.
Estan de holganza
el hornero y el jilguero
y los caranchos
revolotean su danza de siempre.
Cauando la siesta se muere
sonrien unos labios
con el aura fresca,
que son el sueño
de un niño enamorado.
Comenzando la retirada del dia
se va apagando
el verdor del eucaliptus
y ella se mueve sinuosaç
con su cabellera revuelta
sobre las margaritas del campo.
Con la caida de la luz
hay en el ocaso
un niño embelazado.
Y al retornar la luna
a la llanura
hyay dos miradas
que en la magia
del atardecer
se buscan para ser una.
Una canción de suspiros
acalla a los grillos
y el fuego de la pasión
oscurece luciérnagas
teniendo como cielo
el verde monte
y como piso
sábanas de flores que bailan.
Cuando las estrellas
reciben a la noche enamorada
hay en la penumbra
un adolescente
con los ojos deslunbrados
y girando en la luna
una dama suspirando
con los párpados cerrados.
El arroyo refleja chispas de cielo.
Y el plenilunio pone magia al amor.
ADOLFO
los cardos se enardecen,
en ángulo a la luz
cierra sus ojos la dama,
para que la timidez de un niño
se lance a contemplarla
cuando el sol la está besando.
Los rayos de lumbre
inventan imágenes
cuando su luz
reverbera en lo que abraza
y su fuego danza en el aire
con sus espejismos ondulantes.
En el ardor de la tarde
hay un niño embrujado.
En el silencio cálido
impone sosiego la siesta.
Estan de holganza
el hornero y el jilguero
y los caranchos
revolotean su danza de siempre.
Cauando la siesta se muere
sonrien unos labios
con el aura fresca,
que son el sueño
de un niño enamorado.
Comenzando la retirada del dia
se va apagando
el verdor del eucaliptus
y ella se mueve sinuosaç
con su cabellera revuelta
sobre las margaritas del campo.
Con la caida de la luz
hay en el ocaso
un niño embelazado.
Y al retornar la luna
a la llanura
hyay dos miradas
que en la magia
del atardecer
se buscan para ser una.
Una canción de suspiros
acalla a los grillos
y el fuego de la pasión
oscurece luciérnagas
teniendo como cielo
el verde monte
y como piso
sábanas de flores que bailan.
Cuando las estrellas
reciben a la noche enamorada
hay en la penumbra
un adolescente
con los ojos deslunbrados
y girando en la luna
una dama suspirando
con los párpados cerrados.
El arroyo refleja chispas de cielo.
Y el plenilunio pone magia al amor.
ADOLFO
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