coral
Una dama muy querida en esta casa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
¡Estoy en las fronteras de mi ocaso!
en la perpetuidad de mis tristezas,
con las arenas secas en mi boca
viviendo en la altura del mástil de mi pena.
Existo aún…donde me dejaron,
noctámbula, enorme y a veces tan pequeña,
sin saber donde sembrar semillas
para dejar de ser cautiva,
porque siempre fui cautiva…
De extrañas noches tan oscuras,
del reflejo del sol tan solitario,
de recorrer los caminos
con mis pies cansados,
de mis suspiros humillados,
de tantos tragos tan amargos,
¡de esta necedad de amar!...
¡amar, a todos los que nunca me extrañaron!
Soy pálpito frecuente en el centro de mi pecho,
corriendo un afluente rojo en mis arterias
y un yunque de acero martillado entre mis sienes
pensamientos incesantes que gorjean.
Estoy en las fronteras donde todo se termina
y no aprendí a caminar por las praderas,
abandonándome en los brazos de la nada,
porque a gotas bebí de mi existencia
a través de mis pupilas anegadas,
si dejar pasar las peregrinas vidas
de tantos seres que viajaban
a lado y lado de mi carrilera,
dejando estacionado entre mi alma,
su equipaje de sueños y penurias.
Nada quiero para mí… ¡nada empaco sin merecerlo!
no quiero que me bañen con la lluvia de sus ojos,
ni que pongan música en los campanarios,
ni que me acompañen hasta la fronteras de mi ocaso
porque me duele más, ¡que me despidan con su llanto!
Prudencia Arenas
Coral
¡Estoy en las fronteras de mi ocaso!
en la perpetuidad de mis tristezas,
con las arenas secas en mi boca
viviendo en la altura del mástil de mi pena.
Existo aún…donde me dejaron,
noctámbula, enorme y a veces tan pequeña,
sin saber donde sembrar semillas
para dejar de ser cautiva,
porque siempre fui cautiva…
De extrañas noches tan oscuras,
del reflejo del sol tan solitario,
de recorrer los caminos
con mis pies cansados,
de mis suspiros humillados,
de tantos tragos tan amargos,
¡de esta necedad de amar!...
¡amar, a todos los que nunca me extrañaron!
Soy pálpito frecuente en el centro de mi pecho,
corriendo un afluente rojo en mis arterias
y un yunque de acero martillado entre mis sienes
pensamientos incesantes que gorjean.
Estoy en las fronteras donde todo se termina
y no aprendí a caminar por las praderas,
abandonándome en los brazos de la nada,
porque a gotas bebí de mi existencia
a través de mis pupilas anegadas,
si dejar pasar las peregrinas vidas
de tantos seres que viajaban
a lado y lado de mi carrilera,
dejando estacionado entre mi alma,
su equipaje de sueños y penurias.
Nada quiero para mí… ¡nada empaco sin merecerlo!
no quiero que me bañen con la lluvia de sus ojos,
ni que pongan música en los campanarios,
ni que me acompañen hasta la fronteras de mi ocaso
porque me duele más, ¡que me despidan con su llanto!
Prudencia Arenas
Coral
Última edición:
::