José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
A Federico García Lorca. (Federico Sagrado Corazón de Jesús García Lorca)
Hoy, 05 de junio de 2018, se cumplen 120 años de su nacimiento.
Estoy “encendío” como una rosa de cien hojas...
Podría ser el título de una novela romántica.
O el grito de guerra de un adolescente enamorado.
Y, ¿Por qué no? el grito a la vida
de un joven con ansias de vivirla.
¡Podrían ser tantos gritos, para tantas cosas!
Era un grito de vida que clamaba auxilio.
Frustración de sueños, freno a la juvenil locura
de un joven libre y lleno de incompletos vacíos.
Dispuesto estaba a completarlos con cordura
y posiblemente también,
con algún que otro desvarío.
Le truncaron la vida, le sesgaron los sueños
aquellos ignotos palurdos salvadores de patrias
que alardeaban de esa histórica efemérides
para los restos de los tiempos venideros.
Fue una ignominia cruel y rastrera,
hacia un alma pura y de sazón bella.
Si él hubiera sabido lo que le esperaba.
Si no hubiera hecho caso omiso
al temor de sus amigos.
Aquel paseo nocturno, quizá,
solo quizá, no hubiera ocurrido.
Pues seguro, que algún ángel defensor,
de los muchos que tenía,
le hubiera librado de las manos
de aquellos sanguinarios verdugos.
Paseo que le estremeció de frío por un camino sin destino.
Aquel camino que él ya conocía de Víznar a Alfacar.
Aquella madrugada de verano del año 1936.
Donde borraron sus huellas,
donde un olivo sufrió su moribunda presencia.
Quizá la rosa no sería su arquetipo con cien hojas.
Sería más bien un puñal de doble filo
que atravesaría cien veces su alma.
Y otras cien veces le mataría.
Desangrando sus versos, desangrando sus letras,
tiñendo de rojo la visión opaca de pueblos amigos.
Tiñendo los ríos y los olivos, la puesta de sol
y la luna herida. Tiñendo de rojo vida la muerte de un poeta.
Por su tierra granadina, campos de Andalucía
sigue su alma peregrina, sin descanso, sin sosiego
sin encontrar el remanso de paz por desconocer su lecho.
Su lecho sin mortaja de huesos esparcidos,
incógnita que no cierra la herida de sus vivos.
Huérfanas quedaron por falta de creador
su poesía y su prosa. Su música y su paleta de rosas.
Pero su canto cruzó fronteras atravesando corazones
e invadiendo almas, extendiendo su magia
a los recónditos espacios y a los convulsos tiempos
de aquella su España. De lobos contra lobos.
De fieras amaestradas y de salvajes sabotajes
a la razón humana.
Tu poesía, tu prosa… sí, quedaron huérfanas.
Al igual que esta sociedad sin memoria
que nunca alcanzará a conocer lo mucho que perdió.
El “cafrismo”, esa enfermedad del hombre zafio,
del que se creyó más hombre por el hecho de ser más cruel,
sin escrúpulos, más ignorante. Aquel que se vanaglorió
de haberte dado caza y muerte, en aquella cuneta,
a los ojos de nuestra luna, ¡Qué triste! sin ti quedó.
“Trescastro” qué gran mérito tubo y medalla ganó.
Tú eras la vacuna de esa sociedad. Su antídoto.
Hoy sigue habiendo más cafres que hojas de tu rosa,
y lo que más “acojona” es que llegan a liderar a las masas,
masas de hombres y mujeres, también hastiados,
“encendíos” como tú, y como yo, pero obnubilados,
capaces de buscar el olivo entre Víznar y Alfacar,
y atar otra vez en su tronco la libertad,
dándole “Café, mucho café”,
derramando otra vez sangre y acallando otra vez gritos.
“Balaceando” con saña, tu hermosa vida.
Odiándote, otra vez, sin conocer tu talento,
y haciendo testigo de tu muerte, otra vez, al firmamento.
Hoy, tenemos tu espíritu, también tu talento…
Pero… ¿Dónde sin paz, descansa tu cuerpo?
Queremos encontrarte y ofrecerte,
no una rosa con cien hoja, sino… un ciento.
Título del poema recogido de la carta de Lorca a su amigo el compositor Adolfo Salazar:
..."Estoy encendío como una rosa de cien hojas, pero la realidad me encierra en su casa fea de espartos. Me escriben de la Residencia diciéndome que no tienen habitación. ¡Esto es terrible! ¿Cómo voy yo a irme a otra parte? Me asustan los ambientes Baroja y Galdós, la patrona, el estudiante vicioso... ¡Qué horror! Pues no digamos nada los ambientes Zamacois, etc... ¡Es horrible! Así pues, hasta que tenga habitación sola en la Residencia no voy a Madrid... ¡Qué pena! (...) Tengo mala sombra. Y me hace falta salir, ¿lo oyes? Yo me ahogo. Este ambiente provinciano terrible y vacío llena mi corazón de telarañas".
Hoy, 05 de junio de 2018, se cumplen 120 años de su nacimiento.
Estoy “encendío” como una rosa de cien hojas...
Podría ser el título de una novela romántica.
O el grito de guerra de un adolescente enamorado.
Y, ¿Por qué no? el grito a la vida
de un joven con ansias de vivirla.
¡Podrían ser tantos gritos, para tantas cosas!
Era un grito de vida que clamaba auxilio.
Frustración de sueños, freno a la juvenil locura
de un joven libre y lleno de incompletos vacíos.
Dispuesto estaba a completarlos con cordura
y posiblemente también,
con algún que otro desvarío.
Le truncaron la vida, le sesgaron los sueños
aquellos ignotos palurdos salvadores de patrias
que alardeaban de esa histórica efemérides
para los restos de los tiempos venideros.
Fue una ignominia cruel y rastrera,
hacia un alma pura y de sazón bella.
Si él hubiera sabido lo que le esperaba.
Si no hubiera hecho caso omiso
al temor de sus amigos.
Aquel paseo nocturno, quizá,
solo quizá, no hubiera ocurrido.
Pues seguro, que algún ángel defensor,
de los muchos que tenía,
le hubiera librado de las manos
de aquellos sanguinarios verdugos.
Paseo que le estremeció de frío por un camino sin destino.
Aquel camino que él ya conocía de Víznar a Alfacar.
Aquella madrugada de verano del año 1936.
Donde borraron sus huellas,
donde un olivo sufrió su moribunda presencia.
Quizá la rosa no sería su arquetipo con cien hojas.
Sería más bien un puñal de doble filo
que atravesaría cien veces su alma.
Y otras cien veces le mataría.
Desangrando sus versos, desangrando sus letras,
tiñendo de rojo la visión opaca de pueblos amigos.
Tiñendo los ríos y los olivos, la puesta de sol
y la luna herida. Tiñendo de rojo vida la muerte de un poeta.
Por su tierra granadina, campos de Andalucía
sigue su alma peregrina, sin descanso, sin sosiego
sin encontrar el remanso de paz por desconocer su lecho.
Su lecho sin mortaja de huesos esparcidos,
incógnita que no cierra la herida de sus vivos.
Huérfanas quedaron por falta de creador
su poesía y su prosa. Su música y su paleta de rosas.
Pero su canto cruzó fronteras atravesando corazones
e invadiendo almas, extendiendo su magia
a los recónditos espacios y a los convulsos tiempos
de aquella su España. De lobos contra lobos.
De fieras amaestradas y de salvajes sabotajes
a la razón humana.
Tu poesía, tu prosa… sí, quedaron huérfanas.
Al igual que esta sociedad sin memoria
que nunca alcanzará a conocer lo mucho que perdió.
El “cafrismo”, esa enfermedad del hombre zafio,
del que se creyó más hombre por el hecho de ser más cruel,
sin escrúpulos, más ignorante. Aquel que se vanaglorió
de haberte dado caza y muerte, en aquella cuneta,
a los ojos de nuestra luna, ¡Qué triste! sin ti quedó.
“Trescastro” qué gran mérito tubo y medalla ganó.
Tú eras la vacuna de esa sociedad. Su antídoto.
Hoy sigue habiendo más cafres que hojas de tu rosa,
y lo que más “acojona” es que llegan a liderar a las masas,
masas de hombres y mujeres, también hastiados,
“encendíos” como tú, y como yo, pero obnubilados,
capaces de buscar el olivo entre Víznar y Alfacar,
y atar otra vez en su tronco la libertad,
dándole “Café, mucho café”,
derramando otra vez sangre y acallando otra vez gritos.
“Balaceando” con saña, tu hermosa vida.
Odiándote, otra vez, sin conocer tu talento,
y haciendo testigo de tu muerte, otra vez, al firmamento.
Hoy, tenemos tu espíritu, también tu talento…
Pero… ¿Dónde sin paz, descansa tu cuerpo?
Queremos encontrarte y ofrecerte,
no una rosa con cien hoja, sino… un ciento.
Título del poema recogido de la carta de Lorca a su amigo el compositor Adolfo Salazar:
..."Estoy encendío como una rosa de cien hojas, pero la realidad me encierra en su casa fea de espartos. Me escriben de la Residencia diciéndome que no tienen habitación. ¡Esto es terrible! ¿Cómo voy yo a irme a otra parte? Me asustan los ambientes Baroja y Galdós, la patrona, el estudiante vicioso... ¡Qué horror! Pues no digamos nada los ambientes Zamacois, etc... ¡Es horrible! Así pues, hasta que tenga habitación sola en la Residencia no voy a Madrid... ¡Qué pena! (...) Tengo mala sombra. Y me hace falta salir, ¿lo oyes? Yo me ahogo. Este ambiente provinciano terrible y vacío llena mi corazón de telarañas".