Asklepios
Incinerando envidias
Cuando me acerqué a ti,
tu fingida resistencia provocó mi
interés que dediqué a entender
tu sonrisa, no siempre esquiva ni
siempre ofrecida. Lo entendí como algo
natural todos tenemos miedos. Pero
entonces no sabía ni alcanzaba a imaginar
que todo era una estrategia de la
que siempre marcaste su tempo,
mientras me seducías con el
espejismo de tu cristalina mirada.
Yo, lleno de errores, que en secreto
no dejaba de intentar corregir, vivía feliz
por conocerte pero, apenas se cumplieron
los objetivos de tu estrategia, nada te costó
el renegar de mi y, con el más cruel de los
desprecios, me ignoraste para siempre.
Desde entonces, el dolor es el alimento de mi sangre
y tan sólo el instinto mantiene vida en mi corazón.
Ya no lloro por perderte… lloro por no poder volver a
encontrarme
tu fingida resistencia provocó mi
interés que dediqué a entender
tu sonrisa, no siempre esquiva ni
siempre ofrecida. Lo entendí como algo
natural todos tenemos miedos. Pero
entonces no sabía ni alcanzaba a imaginar
que todo era una estrategia de la
que siempre marcaste su tempo,
mientras me seducías con el
espejismo de tu cristalina mirada.
Yo, lleno de errores, que en secreto
no dejaba de intentar corregir, vivía feliz
por conocerte pero, apenas se cumplieron
los objetivos de tu estrategia, nada te costó
el renegar de mi y, con el más cruel de los
desprecios, me ignoraste para siempre.
Desde entonces, el dolor es el alimento de mi sangre
y tan sólo el instinto mantiene vida en mi corazón.
Ya no lloro por perderte… lloro por no poder volver a
encontrarme