jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
la bilis negra, melancolía o como se llame
ya no me deja estar a gusto sobre la tierra
sufro por lo visto de un desbarajuste crónico
en el balance químico de mi sistema neurológico
-hay días que me siento más aplastado que una cucaracha
a la que le hubieran pasado por encima las 18 ruedas de un camión-
además soy feo y estoy viejo y amargado
vivo solo y encima tengo que aguantar
este puto lastre emocional que conlleva ser poeta
-¿y cuándo se ha sabido que existiera alguna vez un poeta
que a pesar de serlo no viviera sumido en la desgracia?-
lo peor es que ni siquiera tengo
el consuelo de ser un poeta medianamente bueno
y que escribir mis poemas bastara para hacerme sentir
que mi puta vida arruinada y marginal
tuvo al menos una mínima razón de ser
o uno de esos tipos que de alguna forma
logran forjarse tempranamente una reputación de poeta
no porque sus obras resulten ser la gran cagada ni mucho menos
sino simplemente porque tienden a gravitar
en las inmediaciones de las camarillas correctas
-y llevan el pelo largo y barbita de chivo-
con los años van adquiriendo un nombre
y un día de pronto se vuelven famosos
nadie lee realmente la mierda que publican
y de cualquier manera si los leen tampoco los entienden
porque sólo escriben cuando están drogados, pendejadas
del tipo mujer delfín palpitante en la metamorfosis
eso sí, publican un librito cada tanto
y dan recitales en las librerías y allí conocen
pendejas con aspiraciones literarias que piensan
que coger con el gran poeta les contagiará su talento
y así podrán ellas luego escribir otras tantas genialidades
-cristal enigmático de tu murmullo menstrual-
además el gobierno les da una subvención mensual
del fondo nacional de apoyo a las artes
para que puedan vivir sin trabajar
y así tener más tiempo para cagar sus mierdas
-rubicundo éxtasis del conglomerado susurrante-
los mandan en avión a congresos en el extranjero
con todos los gastos pagados y dinero para souvenirs
que se gastan en alcohol y en putas
-y cuando están viejos les dan una medalla
y los nombran hijos predilectos de su pueblo-
olvídate mejor de la poesía, me digo a veces
y deja de perder el tiempo en estas babosadas
dedícate a buscar un puto trabajo y una mujer decente
antes de que te pongas más viejo y amargado;
a veces me muerdo un huevo y paso de escribir poesía
me trago un bote de prozac genérico para la depresión
y cuando logro recuperar cierto grado de ecuanimidad
le pido a mi hermana que me pase el teléfono
de alguna de sus amigas solteronas de 40
quedo con la dama y vamos al cine y a tomar un trago
ella empieza entonces, por ejemplo, a contarme
que le encantan los animales y en especial los perros
y que le hubiera gustado estudiar veterinaria
yo pongo mi cara de idiota y le digo oh, qué interesante
como si el tema de los putos perros me fascinara aun cuando
en realidad no distingo un puto schnauzer de un cocodrilo
y lo que quisiera por otra parte en lugar de hablar de perros
o cuál es mi canción favorita o si me gusta la comida tailandesa
es bajarle las bragas a la tipa y comerle el coño
al final siempre debo renunciar a mis nobles aspiraciones
de sentar cabeza y volverme un ciudadano ejemplar
suspendo el prozac y regreso al alcohol y a la poesía
y vuelvo a los brazos de mis putitas borrachas
esas que me dejan el palo a 100 pesos
porque la noche estuvo jodida y no sacaron
ni siquiera para pagarse un par de tragos
-bueno, villa, otra vez estás de suerte, hijo de puta
dame esos putos 100 pesos y vamos a culear-
no tiene que pasar mucho tiempo sin embargo
antes de que vuelva otra vez a sentirme
como un puto gusano que transcurre los días
reptando en las tinieblas, sumido
en una perpetua negrura imposible mientras mi mente
imagina que en alguna parte debe haber
una puerta que conduzca fuera de mi tétrica morada
-y me lleve hacia un utópico espacio donde una lluvia de luz
cae de las alturas bañándolo todo con un brillo refulgente-
cuando estoy borracho puedo engañarme un rato
pensando que esa puerta uno de estos días
la encontraré mientras escribo un poema y la abriré
y me adentraré por ella en el país de las hadas
-y allí viviré dentro de una flor cogiendo con ninfas voladoras-
imaginaciones aparte, sé perfectamente
que estoy condenado a permanecer hundido
en esta sensación mierdosa que envuelve mi vida
y que la única forma de salir de aquí al final
será anudarme una soga al cuello cualquier madrugada
y quedar bailando a diez centímetros del piso
sujeto al soporte del ventilador del techo
y con la lengua colgando de corbata