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Estruendo

Antonet

Poeta recién llegado
Ya estoy cansado de estar solo
De hablar conmigo todo el tiempo
De que el eco se convierta en mi único compañero.
Y que mi piel no encuentre el roce de otra alma.

En la calle soy uno mas en el camino de una ciudad repleta.
Soy solamente un obstáculo que la gente esquiva al transitar.
No importa si caigo, sangro o pido ayuda, la única ley que rige en esta ciudad es la indiferencia.

La amabilidad, la ternura y la amistad son vistas
como baratijas antiguas convertidas en polvo.
Los principios, el honor y la lealtad son la debilidad del adversario.
No hay otra cosa mas sublime en esta sociedad que el amor por el éxito y la carroña.

Se que hay otros como yo, que quieren revelarse ante este monstruo.
Hasta el día de hoy se ven rebeldes radicales que se enfrentan a esta plaga.
Ellos luchan de una manera agresiva y no toman rehenes.
Ellos son como yo, ellos piden ayuda

Se los puede ver en las azoteas de los edificios, en las farmacias, o por la calle cargando largas cuerdas. Sus gritos de auxilio terminan en un gran estallido y luego en un silencio perdido.

Tiene que haber otra manera de pelear.

Camino por la calle y a nadie le importa los gritos de los que pelean.

Camino por la calle y escucho el estruendo de los rebeldes.
 
Última edición:
Ya estoy cansado de estar solo
De hablar conmigo todo el tiempo
De que el eco se convierta en mi único compañero.
Y que mi piel no encuentre el roce de otra alma.

En la calle soy uno mas en el camino de una ciudad repleta.
Soy solamente un obstáculo que la gente esquiva al transitar.
No importa si caigo, sangro o pido ayuda, la única ley que rige en esta ciudad es la indiferencia.

La amabilidad, la ternura y la amistad son vistas
como baratijas antiguas convertidas en polvo.
Los principios, el honor y la lealtad son la debilidad del adversario.
No hay otra cosa mas sublime en esta sociedad que el amor por el éxito y la carroña.

Se que hay otros como yo, que quieren revelarse ante este monstruo.
Hasta el día de hoy se ven rebeldes radicales que se enfrentan a esta plaga.
Ellos luchan de una manera agresiva y no toman rehenes.
Ellos son como yo, ellos piden ayuda

Se los puede ver en las azoteas de los edificios, en las farmacias, o por la calle cargando largas cuerdas. Sus gritos de auxilio terminan en un gran estallido y luego en un silencio perdido.

Tiene que haber otra manera de pelear.

Camino por la calle y a nadie le importa los gritos de los que pelean.

Camino por la calle y escucho el estruendo de los rebeldes.


Soledad compartida, enfermedad de muchos.

Solitaria va la nube, sola se cree, y también otra nube, y otra y otra...
Y marchan perdidas, sin mirarse, sin querer saberse...
Nubes que son tormenta, juntas...
Aguacero que barre y limpia la asquerosa patina de la corrupción que oculta el brillo de las almas.
Relámpagos que iluminan los rostros en la noche del miedo, con ellos el Rayo, hijo de millones de nubes... Purificador.

Compartir es la base de la libertad y antónimo de soledad
Un abrazo poeta y siempre salud.
 
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