Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se rompe entre los cuerpos la armonía
y hace pausa el reloj de nuestra entrega;
mi boca no dibuja más estelas
y cesa, por tu piel, su travesía.
El ocaso, fiel cómplice y vigía,
avisa en el cristal que las estrellas
ya acechan con sus ojos de quimera:
momento de dejar de hacerte mía.
La templanza dejada a la deriva,
en nuestro mar de grata desnudez,
por la pasión será, otra vez, vencida;
cuando mañana un nuevo atardecer,
cual etérea y fiable celestina,
auspicie mis excesos en tu piel.
y hace pausa el reloj de nuestra entrega;
mi boca no dibuja más estelas
y cesa, por tu piel, su travesía.
El ocaso, fiel cómplice y vigía,
avisa en el cristal que las estrellas
ya acechan con sus ojos de quimera:
momento de dejar de hacerte mía.
La templanza dejada a la deriva,
en nuestro mar de grata desnudez,
por la pasión será, otra vez, vencida;
cuando mañana un nuevo atardecer,
cual etérea y fiable celestina,
auspicie mis excesos en tu piel.
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