Etérea Celestina

Ayax

Poeta que considera el portal su segunda casa
Se rompe entre los cuerpos la armonía
y hace pausa el reloj de nuestra entrega;
mi boca no dibuja más estelas
y cesa, por tu piel, su travesía.

El ocaso, fiel cómplice y vigía,
avisa en el cristal que las estrellas
ya acechan con sus ojos de quimera:
momento de dejar de hacerte mía.

La templanza dejada a la deriva,
en nuestro mar de grata desnudez,
por la pasión será, otra vez, vencida;

cuando mañana un nuevo atardecer,
cual etérea y fiable celestina,
auspicie mis excesos en tu piel.
 
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Te agradezco, querida Nancy, la deferencia de visitar este soneto. Gracias por tu lindo comentario. Un cordial saludo, poetisa.
 
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