-ETERNAMENTE NAUFRAGO-
La poesía se escribía sobre las cenizas de Roma.
La historia se alzaba sobre las ruinas de Stalingrado.
Don Quijote paseaba por los campos de la mente de Cervantes
y John Fante hacía a Bandini malvivir en Bunker Hill.
Yo te hice princesa de mis castillos austeros
y te coroné reina en noches de insomnio y delirios.
Ambicioné tu sangre azul y, cuando me di cuenta,
me deshice de aquellos sueños y volví a la realidad.
Sintiendo las penas del mundo y de no tenerte cerca
mostré el lado más humano de la locura del poeta:
así postré mis versos ante el pueblo y su lucha
y escribiendo conseguí una calma relativa.
Pero el recuerdo es una bomba de relojería para el ser humano:
tarde o temprano siempre vuelve tu imagen a mi cerebro,
y aunque aguarde ansioso como un niño tu llegada,
muerdo vorazmente el plato de la desesperanza
que me produce el paso constante del tiempo y tu lejanía.
Cada bocado se transforma en un verso y una lágrima;
mil bocados llenan páginas y ríos de tristeza.
Y así conduce el poeta las gotas de la melancolía
directamente al océano infinito de la desolación.
Allí se hunden barcos que se estrellan contra rocas,
se funden las estrellas, sean de mar o de universo,
y eternamente naufrago por la nada hacia la nada.
La poesía se escribía sobre las cenizas de Roma.
La historia se alzaba sobre las ruinas de Stalingrado.
Don Quijote paseaba por los campos de la mente de Cervantes
y John Fante hacía a Bandini malvivir en Bunker Hill.
Yo te hice princesa de mis castillos austeros
y te coroné reina en noches de insomnio y delirios.
Ambicioné tu sangre azul y, cuando me di cuenta,
me deshice de aquellos sueños y volví a la realidad.
Sintiendo las penas del mundo y de no tenerte cerca
mostré el lado más humano de la locura del poeta:
así postré mis versos ante el pueblo y su lucha
y escribiendo conseguí una calma relativa.
Pero el recuerdo es una bomba de relojería para el ser humano:
tarde o temprano siempre vuelve tu imagen a mi cerebro,
y aunque aguarde ansioso como un niño tu llegada,
muerdo vorazmente el plato de la desesperanza
que me produce el paso constante del tiempo y tu lejanía.
Cada bocado se transforma en un verso y una lágrima;
mil bocados llenan páginas y ríos de tristeza.
Y así conduce el poeta las gotas de la melancolía
directamente al océano infinito de la desolación.
Allí se hunden barcos que se estrellan contra rocas,
se funden las estrellas, sean de mar o de universo,
y eternamente naufrago por la nada hacia la nada.