Sr. Brausen
Poeta recién llegado
I
Sueles, por instantes, deslumbrar
una niña, un golpe, un torrente
sensible del tiempo,
del tiempo de antes del tiempo,
en tus ojos más allá
de lo infinito inmemorial...
suspensos.
He ahí, nomás, un síntoma
de lo inefable o el rostro
vedado de lo eterno...
II
Un cigarrillo contra la paciencia, un ansia
solapada en los rincones, una palabra
en el silencio, en la mirada...
algo en común.
Un fluctuar de los pasos, un balbuceo
del mundo ensimismado, una huida circular
del tiempo en que somos, una vuelta
a tus vuelos infantiles, un estallido
en el llanto, en la noche, en las sábanas...
algo en común.
Un insomnio, un hastío, un miedo pasajero,
un papelito fugaz rebozando eternidades, una caricia
de tus labios trémulos, un mate...
Algo que parte, algo que queda...
algo en común.
III
Siembran tus ojos
la luz de las mañanas?
Algo se cimbra y quiebra
en la sombra de los muros cuando
nace el sol y muero
entre adoquines y no estás.
IV
Hay siempre el tiempo
que jamás supe callar
y hay
el aliento que deviene en cataclismos.
Después será la lluvia
en las chapas extrañada, los silbos
del viento en la ventana,
y sólo la noche cobijando tu ausencia.
Deja, pues, que hablemos
si en fin jamás resistiré tus ojos
cuando empuñan la sal
que nace en mi silencio.
Sueles, por instantes, deslumbrar
una niña, un golpe, un torrente
sensible del tiempo,
del tiempo de antes del tiempo,
en tus ojos más allá
de lo infinito inmemorial...
suspensos.
He ahí, nomás, un síntoma
de lo inefable o el rostro
vedado de lo eterno...
II
Un cigarrillo contra la paciencia, un ansia
solapada en los rincones, una palabra
en el silencio, en la mirada...
algo en común.
Un fluctuar de los pasos, un balbuceo
del mundo ensimismado, una huida circular
del tiempo en que somos, una vuelta
a tus vuelos infantiles, un estallido
en el llanto, en la noche, en las sábanas...
algo en común.
Un insomnio, un hastío, un miedo pasajero,
un papelito fugaz rebozando eternidades, una caricia
de tus labios trémulos, un mate...
Algo que parte, algo que queda...
algo en común.
III
Siembran tus ojos
la luz de las mañanas?
Algo se cimbra y quiebra
en la sombra de los muros cuando
nace el sol y muero
entre adoquines y no estás.
IV
Hay siempre el tiempo
que jamás supe callar
y hay
el aliento que deviene en cataclismos.
Después será la lluvia
en las chapas extrañada, los silbos
del viento en la ventana,
y sólo la noche cobijando tu ausencia.
Deja, pues, que hablemos
si en fin jamás resistiré tus ojos
cuando empuñan la sal
que nace en mi silencio.