Évano
Libre, sin dioses.
Cuando la tarde y la lluvia no se importen
y seas recuerdo sin música donde nunca eres niño.
Cuando entiendas y palpes tu cansacio
y la unánime desesperanza sea
vano intento de llorar de nuevo a la lluvia
que no viene, a la música que no suena,
a esa niñez que no vuelve, a esas manos
que no arrancan el cansancio del cuajo de ti mismo,
cuando ya no seas arroyo ni pájaro,
cuando avances a pasos de voz sin colores
y el corazón sobreviva sordo al entusiasmo,
cuando el silencio deambule fronteras
levantadas sobre ruinas de niños.
Cuando seas olvido de mujer,
solo un cliente para el mundo,
un ibas,
un inasombro,
en ese momento te habrás labrado un cambio
y
estupefacto,
un fantasma en el vacío progresará diseminándote,
hasta ese vapor de don nadie al que nadie interrumpe,
ese que busca en la esperanza al asesino dulce,
a la cruz de la víctima homicida.
Entonces serás un condenado feliz,
ese sin cuerpo de esencia errabunda,
un vaho persiguiendo la tumba
de sí
mismo.
y seas recuerdo sin música donde nunca eres niño.
Cuando entiendas y palpes tu cansacio
y la unánime desesperanza sea
vano intento de llorar de nuevo a la lluvia
que no viene, a la música que no suena,
a esa niñez que no vuelve, a esas manos
que no arrancan el cansancio del cuajo de ti mismo,
cuando ya no seas arroyo ni pájaro,
cuando avances a pasos de voz sin colores
y el corazón sobreviva sordo al entusiasmo,
cuando el silencio deambule fronteras
levantadas sobre ruinas de niños.
Cuando seas olvido de mujer,
solo un cliente para el mundo,
un ibas,
un inasombro,
en ese momento te habrás labrado un cambio
y
estupefacto,
un fantasma en el vacío progresará diseminándote,
hasta ese vapor de don nadie al que nadie interrumpe,
ese que busca en la esperanza al asesino dulce,
a la cruz de la víctima homicida.
Entonces serás un condenado feliz,
ese sin cuerpo de esencia errabunda,
un vaho persiguiendo la tumba
de sí
mismo.
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