Eureka

Limaris

Poeta recién llegado
Imploré por ojos divinos
que me permitieran ver
entre flashes de alegría,
y entre la penumbra de todo
lo que yace en la ausencia,
no me fueron concedidos,
ni siquiera obtuve pistas
clavadas en las paredes.
Entonces, alocada,
salí en búsqueda de mí.
Profané tumbas sacras,
dividí en moléculas
una gota de lluvia,
puse mi mano en llamas,
separé la sal del mar,
la sonrisa de la hipocresía,
tallé emociones en mármol,
me arrodillé en los templos,
escarbé en palabras de
agua en mano,
reinventé las estrellas,
y les di nombres nuevos.
Regresé sin aliento,
más ciega aún, resignada
a todo lo que existe,
con o sin mí.
Me rendí ante la rutina
idiota del camuflaje
para lucir el disfraz humano.
Extraña a mí misma,
con la esperanza moribunda,
aferrada al azar, sólo me bastaron,
esas dos palabras de tus labios
para saber por qué existo.
 
Gracias mi amor por darle más sentido a mi vida. Me encanta que seas parte de ella. Te amo muchísimo.
 

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